La lectura del libro de Eclesiastés principia con una advertencia: “...antes que vengan los malos días…”. En la primavera de nuestra vida “no hay malos días”, no se dan tantas enfermedades, miedos, etc.; por lo mismo dice el proverbista: “La gloria de los jóvenes es su fortaleza…” (Proverbios 20:29). Pero esa exuberancia, esa fortaleza, ese vigor, con el correr de los años se va perdiendo, y es cuando llegan los malos días. Esta decadencia de nuestro cuerpo está descrita en los versículos 3-7, y es conveniente realizar detenidamente el análisis de estos textos para comprender mejor el mensaje de Dios.

Cada parte del cuerpo tiene una función específica y nos cuesta trabajo valorar cuando tenemos esos miembros trabajando plenamente.

Las Manos:

“Cuando temblarán los guardas de la casa..” (12:3) Los guardias de la casa son las manos, pues con ellas nos defendemos y trabajamos; pero en la vejez se debilitan, tiemblan y se ven líneas de arrugas. Simbólicamente nuestro cuerpo es una casa y debemos defenderla (2a. Corintios 5:1,4,6; 2a. Pedro 1:14; 1a. Corintios 3:16; Efesios 4:28); por lo tanto antes de que tus manos ya no te sirvan o no las tengas: ACUÉRDATE DE TU CREADOR.

Los Huesos:

“...y se encorvarán los hombres fuertes…” (12:3) Los hombres fuertes de nuestro cuerpo son los huesos; desde el frontal hasta el calcáneo y el metatarso, todos ellos sostienen y dan forma anatómica a nuestro cuerpo. Primero están muy fuertes, bien erguidos; pero al correr de los años, lentamente se van encorvando. Decía el Rey David. “...y mis huesos se han consumido…” (Salmos 31:10).

Los dientes:

“...y cesarán las muelas, porque han disminuido…” (12:3). Por mucho tiempo nuestras muelas y dientes nos dan un excelente servicio, comemos, hablamos, mordemos, etc.; pero al venir los malos días cesan de trabajar, rehusamos el alimento, nos enfermamos debido a que no remolemos correctamente el alimento y nuestro sistema digestivo se altera;  el sonido de nuestra voz cambia, nos apenamos al hablar y perdemos la confianza.

Los ojos:

“...y se oscurecerán los que miran por las ventanas…” (12:3) Los que miran por las ventanas son los ojos, las ventanas son los párpados que se abren y cierran para mostrarnos el universo, las maravillas de la Creación de Dios, inclusive los logros del hombre; por ello la Palabra de Dios dice: “los ojos de los hombres nunca están satisfechos” (Proverbios 27:2), los hacemos trabajar mucho; pero también llega el momento en que se rinden, las enfermedades se presentan, por esa razón el Señor nos exhorta a que nos acordemos de Él antes que lleguen las tinieblas a nuestros ojos.

La voz:

“Y las puertas de afuera se cerrarán, por la bajeza de la voz de la muela…” Las puertas de afuera, por donde sale el medio que sirve para comunicarnos con el mundo exterior son los labios: “Pon Oh Jehová, guarda a mi boca: Guarda la puerta de mis labios.” (Salmos 141:3). El hombre se comunica con sus semejantes por medio de la voz, la cual cuando se es joven es sonora y fuerte, con ella cantamos, discutimos; pero cuando somos viejos, en ocasiones resulta insuficiente para ser escuchada. Acuérdate de tu criador, usa tu voz para alabar a Dios, para predicar y hablar de su Palabra (Colosenses 3:16; Juan 17:6).

Los pies:

“Cuando también temerán de lo alto, y los tropezones en el camino...” El joven busca conquistar las alturas, escalar montes, busca aventuras. “...Jehová aborrece los pies presurosos que corren al mal.” (Proverbios 6:18; Isaías 52:7).

Las canas:

“...y florecerá el almendro…” (12:5) El almendro es un árbol rosáceo, que da flores blancas o rosadas y es originario de Asia. Estas flores blancas representan la cabeza blanca del viejo. Antes de que tu cabeza se llene de hilos de plata, ¡Acuérdate de tu Creador”.

Finalmente:

...y se agravará la LANGOSTA… y perderáse el apetito: porque el hombre va a la casa de su siglo…” (12:5) La langosta es un insecto ortóptero saltador, el cual se multiplica de tal forma que suele formar espesas nubes, las cuales destruyen los sembradíos, aún comarcas enteras, se convierten en una plaga devastadora. Esta Langosta representa las enfermedades en el anciano, las cuales invaden su cuerpo en decadencia, falto de defensa. Adicionalmente al ser acosado el hombre por la plaga de las enfermedades, empieza a perder el apetito, sus energías se agotan, pues el hombre se acerca a la casa de su siglo.

Por estos motivos, es indispensable que razonemos sobre el momento de nuestra vida y digamos: ¡Debo acordarme de mi Creador!, pues poseeo lo necesario para servirle y actuar como corresponde a un hijo de Dios, y debo apresurarme antes que el polvo me reclame y el espíritu se vuelva a Dios que lo dio (12:7,8).

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