Derivado del latín VANUS, falto de substancia, vacío. Sin valor.

CONTROLAR: Impedir que en cualquier conducta o proceso, se presenten desviaciones acerca del plan original.

CONTROL DE LA VANIDAD: Impedir que nuestras conductas se conviertan en acciones faltas de substancia, vacías, sin valor; que nos aparten de los sentimientos y frutos que Dios espera de cada uno de sus hijos en el papel que nos toca desarrollar a lo largo de la vida, en el plan de salvación diseñado por El Eterno para vida de nosotros y los que nos escuchen.

Pierdo el control sobre la vanidad cuando creo que los bienes materiales me visten de justicia, siendo este pensar la expresión de una vanidad descontrolada que me apartará cada día de los frutos que no puede dar un espíritu falto de la caridad divina. 

La vanidad es una fuerza descontrolada en mi vida cuando creo que poseo la verdad de Dios sólo yo. Como dijo un hombre que siendo aún siervo de Dios en nuestra Iglesia, en el Concilio rechazó sus puntos errados, afirmó que todos estaban equivocados pues a él le había dado la luz Dios mismo.

En nuestras vidas, la vanidad se enseñorea de nosotros cuando creemos que nuestro conocimiento es tan grande que merecemos más que los otros, olvidando que la voluntad de Dios y su omnisciencia es tan maravillosa que dará a todos su justa paga.

Es una vanidad descontrolada pensar que mi apariencia física es tan buena que puedo burlarme de los sentimientos de las personas minimizando sus virtudes, todo gracias a que creo tener un físico muy estético o un arreglo tan cuidadoso que creemos ser agradables a ojos de todos, sin entender que es nuestra mente y corazón lo que hará felices a aquellos con los que nos toca compartir la vida que Dios nos da.

Como consecuencia de la falta de control sobre las cosas vanas en nuestras vidas, nos convertimos en personas que muestran tal arrogancia y orgullo, que por causa de esto, nuestra persona que ha sido rescatada con la sangre de Cristo, es vituperada porque los que nos conocen, dicen poniéndonos como ejemplo, que Cristo no ha nacido en nuestro corazón. ¿Cómo podría haber nacido en el corazón del que menosprecia, critica, condena en lugar de Dios, se atribuye la verdad y razón para sí sobre el ministerio de su Iglesia? ¿Cómo podría ser verdadero aquel que es capaz de ver los defectos de los demás sin ver las debilidades propias? 

Controlar la vanidad de nuestra vida es entonces un acto de humildad, de reconocimiento al Creador, de valorar a las personas, no por lo imperfectos que son, pues nosotros mismos cuando calificamos a manera de los antiguos lo somos, sino valorando lo que pueden llegar a ser esos pecadores ante el amor de Dios y un corazón que se arrepiente. Controlar la vanidad en el conocimiento es no tratar de destrozar el saber de los demás, sino ofrecer de corazón nuestra ayuda aún esperando aprender algo de aquel que toma el papel de discípulo. Controlar la vanidad en nuestros juicios es escuchar la voz de Dios en todos los corazones que piden ayuda, no para aplicarles la ley de muerte y deseando sea para siempre, sino aplicar el amor de Cristo por el cual cada uno de nosotros se reconoce miserable y pobre de espíritu, como para merecer el sacrificio que da vida y vida para siempre, que ha sido para todos los que se arrepienten.

Controlar la vanidad en nuestra apariencia física, exige reconocer que eso es obra de Dios y que nunca la belleza exterior será el motivo de las bendiciones de Dios, sino el corazón capaz, que aunque lleno de imperfecciones, reconoce sus carencias y demanda de Dios sabiduría para ser feliz y hacer felices a los demás.

Reconoce la vanidad en tu vida y serás capaz de controlarla, si tratas de negarla, esa vanidad te hará negar lo más preciado que Dios nos ha dado: Que aun siendo pecadores e imperfectos, Cristo murió ofreciendo su vida para que el pecador tuviera la oportunidad de vida eterna, para enseñarle a dejar la vanidad de los sentidos, para darle consciencia de que lo vacío de las vidas del ser humano puede ser llenado por las acciones y conductas de quien hoy reconoce a Dios como su creador y a Jesucristo como el ejemplo a seguir.

No seamos sabios en nuestra opinión, temamos a Dios, esto exige control sobre las cosas sin fruto, apártate del mal, de todo lo que a Dios le desagrada, de todas aquellas conductas por las que no has podido crecer, por las que cada día aniquilas la fe de otros, con la pérdida del control sobre la apreciación verdadera del amor absoluto de Dios para toda la humanidad. 

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