Hace poco escuche un fragmento en una película que dice:

“Sólo a través del dolor, puedes alcanzar tu grandeza. Aquel que no ha sido destrozado, no tiene valor por sí mismo y no tiene cabida en este mundo”.

“Están dormidos: Tú no eres como las demás, tu corazón es puro !Regocíjate! Los quebrados son los más evolucionados”(1).

(Recuerden siempre “escudriñadlo todo y retened lo bueno”. 1a. Tesalonicenses 5:21)

Hay un sin fin de costumbres en las que cree el mundo, desde las más complejas hasta las más absurdas, cada una de ellas su origen no es el importante, porque muchos no saben el por qué la siguen. Lo importante es lo que obtienen por medio de esas costumbres, pero ¿De dónde surgen esas costumbres?¿Tienen algún fundamento verdadero y justo?.

Muchas fiestas y costumbres se festejan y han sido celebradas en el mundo, cada país y cultura tiene sus fechas, características y formas de cómo celebrarlas. Lo más importante es que tienen un propósito, muchos de ellos los ignoramos por que al paso del tiempo se han perdido. Hay otros que los podemos conocer, pero no son significativos, tal vez lo que nos llame la atención no es el objetivo que tenga la celebración sino el colorido, la gente, las luces, etc.

La creación que nos narra el libro de Génesis en sus primeros capítulos, describe día por día lo que Dios hizo y que era bueno para nosotros, el séptimo día fue señalado como un reposo y conmemoración a la obra perfecta. Hay muchos pensamientos e ideologías acerca de la creación, vamos a darle una oportunidad a Dios de narrar su propia creación.

“Porque  nosotros, coadjutores  somos de Dios; y vosotros  labranza de Dios sois, edificio  de Dios sois. ” (1ª. Corintios 3: 9)

El  apóstol  Pablo nos  dá una hermosa  enseñanza al decir   que somos EDIFICIO DE  DIOS (1ª. Corintios 3:9,10).  Esta enseñanza la podemos obtener  comparando lo material con lo espiritual.  Cuando vamos a construir un edificio, necesitamos  primero de un Perito arquitecto que nos guiará en la  construcción, indicándonos la forma en que han de colocarse  los elementos propios de una construcción. Ya una vez sabiendo  cómo hemos de edificar entendemos que lo esencial es poner los   cimientos que servirán para que nuestro edificio esté firme, pues Jesús  dijo que no debíamos construir sobre la arena, porque con la lluvia y los  vientos aquella casa puede derrumbarse (Mateo 7:26,27), por lo tanto, todo edificio  o construcción necesita de un fundamento.