La expresión “estoy bien” forma parte automática de nuestras respuestas en un saludo típico; en ocasiones agregamos con certeza y con fe “Gracias a DIOS” reconociendo que Él obra en nuestras vidas para bien. Si dedicamos más tiempo a una pregunta más profunda:  -¿en verdad estoy bien?-  o -“¿que significa estar bien?”- para obtener estas respuestas hay que trabajar la paciencia y el discernimiento.

El resentimiento es un enojo que trae en memoria aquellas experiencias no gratas, nos impide disfrutar a los demás, destruye la paz interior y rompe nuestras relaciones personales no permitiendo experimentar perdón sincero, el perdón que nos enseña nuestro Dios. El resentimiento trae consigo amargura, egoísmo, rencor y odio, sentimientos que nos debilitan y nos alejan del prójimo, y de Dios.

Las relaciones humanas son de suma importancia para el buen desarrollo de las sociedades, relaciones saludables que requieren una buena interacción, una comunicación donde sepamos escuchar a los demás y por consiguiente escucharnos a nosotros mismos; saber cuáles son nuestras necesidades, las características de nuestra personalidad y de nuestro carácter.

¿Alguna vez hemos aceptado que somos impotentes para librarnos de algo que nos está afectando? El aislamiento, la sobreprotección y el orgullo son algunas señales de los miedos que nos aquejan y que se manifiestan en nuestras interpretaciones para proteger el ser que hay dentro de nosotros.

La fijación del miedo se produce porque más allá del cuerpo, que tiene su propia lógica, subsisten programaciones mentales e ideas que continúan alimentando un mecanismo que ya es inútil.

“ Y  no   sólo  ellas,  mas   también  nosotros   mismos,  que   tenemos   las  primicias  del Espíritu,  nosotros   también  gemimos  dentro  de  nosotros  mismos,  esperando  la  adopción,  es  a   saber,  la  redención   de  nuestro   cuerpo.”

(Romanos 8: 23)

Según  Webster,  el  acto  de  redimir,  rescatar, libertar; comprar  por  el  favor   de  Dios   y  la  muerte  de  Cristo,  es  a  lo que se llama “Redención”.

Las enseñanzas de la Biblia nos permiten ver en  este  favor  divino, el perdón  de  los   pecados  y   la  promesa  de  la  Vida Eterna. El  texto  anterior  y  lo   que se  cita  en  Efesios 4:30, nos prueba que la redención en toda su plenitud  no  está   completa,  sino  hasta  que  venga nuestro  Señor  Jesucristo  por segunda vez  y traiga consigo nuestro galardón.  El  perdón de  pecados es para nosotros ahora; pero la redención de nuestro cuerpo será cuando seamos  vestidos de inmortalidad; es decir, hasta la resurrección.