En los medios televisivos vemos muestras de la falta de control sobre la vanidad, la cual se manifiesta en muchas formas en nuestra vida, siendo la vida misma calificada como vanidad por el sabio Salomón. Todos nuestros deseos de personas mortales pero con apego a las cosas materiales como: bienes, reconocimientos, ascensos, etc. Posesiones de este mundo que ha de terminar, y aún aquellos aspectos en los que quisiéramos ser reconocidos por el esfuerzo tan grande que hacemos para Dios, creyendo que por esto somos mejores que los demás. Futbolistas como Cristiano Ronaldo se ha visto envuelto en notas de la muestra de falta de control sobre la vanidad, expresando arrogancia y falta de humildad.

Vanidad es una palabra derivada del latín VANUS, falto de sustancia, vacío. Sin valor. Por ello la importancia de aprender a controlarla.

No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. 1 Samuel 12:21

Cristiano Ronaldo y su Lamborghini | InstagramCONTROL DE LA VANIDAD: Impedir que nuestras conductas se conviertan en acciones faltas de sustancia, vacías, sin valor. Que nos apartan de los sentimientos y frutos que Dios espera de cada uno de sus hijos en el papel que le toca desarrollar  a lo largo de su vida. En el plan de salvación diseñado por El Eterno para vida de nosotros y los que nos escuchen.

Ciertamente Dios no oirá la vanidad, Ni la mirará el Omnipotente. Job 35:13

Pierdo el control sobre la vanidad cuando creo que los bienes materiales me visten de justicia, siendo este pensar la expresión de una vanidad descontrolada que me apartará cada día de los frutos que no puede dar un espíritu falto de la caridad divina.

En nuestras vidas, la vanidad se enseñorea de nosotros cuando creemos que nuestro conocimiento es tan grande que merecemos más que los otros, olvidando que la voluntad de Dios y su omnisciencia es tan maravillosa que dará a todos su justa paga.

Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah Salmos 4:2

Es una vanidad descontrolada pensar que mi apariencia física es tan buena que puedo burlarme de los sentimientos de las personas, minimizando sus virtudes gracias a un físico muy estético o un arreglo tan cuidadoso que creemos dejar de ser desagradables, sin entender que es nuestro corazón y sentimientos lo que hará felices a aquellos con los que nos toca compartir la vida que Dios nos da.

Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Eclesiastés 1:14

Controlar la vanidad de nuestra vida, es entonces un acto de humildad, de reconocimiento al Creador, de valorar a las personas, no por lo imperfectos que son, pues nosotros mismos cuando calificamos a manera de los antiguos lo somos, sino valorando lo que pueden llegar a ser esos pecadores ante el amor de Dios y un corazón que se arrepiente. Controlar la vanidad en el conocimiento es no tratar de destrozar el saber de los demás, sino ofrecer de corazón nuestra ayuda aun esperando aprender algo de aquel  que toma el papel de discípulo. Controlar la vanidad en nuestros juicios es escuchar la voz de Dios en todos los corazones que piden ayuda, no para aplicarles la ley de muerte y deseando sea para siempre, sino aplicar el amor de Cristo por el cual cada uno de nosotros se reconoce miserable y pobre de espíritu, como para merecer el sacrificio que da vida y vida para siempre, que ha sido para todos los que se arrepienten.

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. Salmos 34:18

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Salmos 51:17

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