“ Y oró Eliseo, y dijo: ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”

(2º. de Reyes 6:17)

Nosotros, la criatura humana, tenemos ante nuestros ojos un mundo de flores, un cielo lleno de estrellas, puestas de sol hermosas, y mil objetos o fenómenos de la naturaleza; pero ¿nos hemos interesado por descubrir a su creador o autor? Es triste ver que perdemos la capacidad de asombro, confirmamos nuestra condición cuando leemos la Palabra de Dios con un velo sobre el corazón, con los ojos del entendimiento cegados, que no nos permiten ver el gran valor que Dios le dio.

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En la Biblia se representa al Espíritu Santo como el agua que desciende sobre la tierra para que ésta germine y de sus frutos; por lo que dice Dios por medio de sus profetas: “Vosotros también hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová nuestro vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.” (Joel 2:23). Y esta es la promesa que se confirmó en el día de Pentecostés, cuando el poder de lo alto descendió sobre los Apóstoles haciendo de ellos unos verdaderos testigos de Cristo, obrando en éstos una transformación tal, que el Apóstol Pedro que negó tres veces a su Maestro en el día de su crucifixión, y días después del Pentecostés él mismo manifestaba que era menester obedecer a Dios antes que a los hombres ( Hechos 5 :29).

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Me siento avergonzado, porque el día de hoy me di cuenta que abandoné la imagen del que me crió, mis ropajes naturales, donde mi cuerpo era puro y sin corrupción, tenía pensamientos libres... libres del conocimiento humano, de la necedad de mi mente de querer saber más allá de lo que se me permitió ver, que en apariencia sentía haber estado limitado a un conocimiento nuevo, saber la diferencia entre el bien y el mal y ser mejor de lo que ya era, pensando que podía perfeccionarme por mí mismo; pero entre más libre me sentía, mis ojos se vieron limitados, me avergoncé y me tapé, porque sabía que Mi Guía me observaba y lo había decepcionado. No acaté una simple ordenanza que a cualquiera le hubiera sido fácil atender. Mi vergüenza me persigue porque he abandonado la imagen del que me formó, pude ser perfecto y tener la sabiduría que ejercería con poder para transformar mi entorno, gozar de los frutos que para mí habían sido creados, los cuales no tenían mancha, eran puros así como mi alma que estaba blanca como la nieve.

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Escuché en el camión una conversación común como cualquier otra... Tú sabes que en México el lenguaje popular está dotado de un sin fin de expresiones muy particulares que utilizan doble sentido en su significado; pero lo que me llamó la atención de esta conversación en el intercambio de ideas fue algo que se expresó de la siguiente forma:

Sujeto 1: Estaba ahí presente en el funeral, la que estaba muerta movió su pie, me quedé paralizado, no podía creer lo que estaba pasando en ese mismo instante.

Sujeto 2: Naaa no te creo, sí ahí estaba toda la familia ¿y sólo tú viste que se movió?

Sujeto 1: Te lo juro, por ésta que sí pasó.

En realidad no le puse atención a la conversación completa, si no a la forma en la que hablamos y nos expresamos; más allá de las groserías o palabras en doble sentido (que estaban incluidas en la conversación), observé y analicé los juramentos que hacemos como si fueran cualquier expresión, también las promesas están en nuestras conversaciones ya que nuestra palabra no tiene peso ni validez para que el otro nos crea.

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Tanto se habla del amor que parecemos expertos, cuando nos preguntan si hemos amado alguna vez muchos de nosotros llegamos a contestar “Yo he amado muchas veces en mi vida”; probablemente nos referimos a las parejas que hemos tenido, novias o novios han rondado y acechado nuestro corazón; muchos saben que amamos a nuestros padres, pero pocos son los que lo demuestran, y no se diga de los amigos, en nuestra cultura en el género masculino se malinterpreta cuando un hombre le dice “te quiero” a otro.

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