Miguel de Cervantes, amaba las Sagradas Escrituras y las tenía en alta estima. En el prólogo de la primera parte de El Quijote, Cervantes se refiere a la Biblia llamándola Divina Escritura.

Una prueba contundente es el poema que aparece en sus Comedias, titulada El Rufián Dichoso, en el cual exalta el Salterio davídico:

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Del proceso que la Inquisición llevó contra fray Luis, han trascendido hasta hoy algunas frases de los cargos que se le imputaban:

“En la ciudad de Salamanca a diez y siete días del mes de diciembre de mil e quinientos e setenta e un años, ante el muy magnífico e muy Rdo. señor maestro Francisco Sancho, comisario deste Santo Oficio... paresció siendo llamado el muy reverendo padre fray Bartolomé de Medina, maestro en santa theologia, en la Universidad de Salamanca... y entre las cosas que testificó en su dicho, dijo e declaró contra el maestro fray Luis de León lo siguiente... Item declaró que sabe anda en lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, compuesto por el muy Rdo. padre maestro fray Luis de León, porque lo ha leído este declarante. Item declaró que en esta Universidad algunos maestros, señaladamente Grajal y Martínez, y fray Luis de León, en sus paresceres y disputas quitan alguna autoridad a la edición de la Vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades...”

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Quiero mirar tus ojos en esa persona que anhela que la vea,
tus manos en las mías cuando puedo extenderlas,
tus brazos rodeándome, consuelo en la tristeza, amor eterno, blanca luz, nívea;
quiero ver tus pisadas, mapa, guía, perla.
 
Quiero oír tu voz en mi mente haciéndome recordar,
quiero sentir tu fuego y tu nube sobre mi cabeza,
sé que no estoy sola donde voy aunque pise sin mirar,
sé que estás ahí aunque desesperan las horas con dureza.

Mar, barco, tempestad y calma,
amor eterno: mi Señor, Dios de Abraham, Isaac y Jacob,
refugio de mi alma.

Por: Luna Cristal

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Fray Luis de León, hombre de Dios      

Como si nunca se hubiera alejado de las aulas de la Universidad de Salamanca, cuando Fray Luis de León salió de un injusto periodo de cinco años en prisión en la cárcel de Valladolid,  retomó su cátedra, y se dice que la reinició con un: Dicebamus hesterna die (“Decíamos ayer…”) y siguió su exposición sin enojo o deseos de venganza contra sus detractores: los cofraternos de la orden agustina que lo habían delatado ante la inquisición española por el supuesto de traducir “sin permiso” el Cantar de los Cantares de Salomón, ya que existen datos de que su prima, la monja Isabel Osorio, se lo había solicitado explícitamente.

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Gracias Señor, por tus regalos de amor y el pan de cada día.

Al escuchar las campanas que anunciaban las doce del día, Martín empezó a preocuparse. Al despertar, Martín se sintió confiado y seguro, como siempre, de que encontraría un trabajo, que aunque fuera arduo, le daría el dinero para comprar lo necesario y darle de comer a su familia, sin embargo, en esta ocasión, nadie había requerido sus servicios. Él se dedicaba a la plomería y a veces, hasta promocionaba ofertas: “Revisión preventiva de fugas”, “Correcto funcionamiento de las instalaciones sanitarias” “Cambio de empaques para control de llaves que gotean”, etc., entre otros muchos servicios que ofrecía. Siempre era amable y trataba de ganarse a sus clientes con buen humor, disposición y alegría.

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