Caminar le pesaba. Sentía como si sus zapatos fueran de hierro y cada paso le representara un enorme esfuerzo.

Arturo se sentó un momento en una banca que, extrañamente, estaba desocupada, porque esa era una plaza muy concurrida. La plaza del pueblo era muy amplia y tenía grandes árboles, los niños podían jugar, correr y dar de comer a las palomas.

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Un día que caminaba en el parque lo vi,
me parecía algo rudo, se sostenía firme,
pero sus verdes hojas no escondían su alegría:
¡Estaban llenas de vida!
Me di cuenta de que una minoría de sus hojas
ya declinaban tristes por el otoño...
Admiré su fuerza y descubrí que, a pesar de su variado follaje,
aún en cada detalle de su apariencia todavía escondía ternura:
¡Sus ramas eran brazos extendidos!
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Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte la mar y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre.

Jeremías 31:35

Todo inicia desde una pequeña partícula, la vida manifiesta su esplendor cuando esa energía es ordenada por el Creador del universo y es puesta para dar una oportunidad a la existencia de algo hermoso, estoy hablando de ti, la persona que lee en este momento.

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A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. Deuteronomio 30:19

Quizá Dios dibuja nuestro camino con lápiz y nos da libertad de que nosotros lo marquemos con tinta. Sólo que a veces, por descuido o necedad, nos salimos del trazo marcado. Pero Él nos lo permite.

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