Dios es el supremo creador del Universo, Él escogió especialmente a un pueblo para que habitara en medio de los que lo integraban, junto con sus leyes y estatutos, para que el pueblo fuera perfecto y libre de toda costumbre humana. En distintos momentos Dios conduce a su pueblo lejos de la influencia de otras naciones; un momento clave fue cuando estaban cautivos en Egipto, al salir de esa nación Dios les pidió que hicieran un santuario como medio de comunicación entre el pueblo y Dios. Dicho santuario -por el tiempo en el que fueron cautivos- sería portátil, y lo transportarían durante cuarenta años de peregrinación.

 

Yo he edificado casa por morada para ti, asiento en que tú habites para siempre. Empero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?

1Reyes 8:13,27

Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos.

Isaías 57:15


Sabemos que la edificación de este santuario es voluntad de Dios, no hay iniciativa humana en la edificación de un instrumento con fines divinos; así que a este santuario llegaría el pueblo en su peregrinar para ser el instrumento para celebrar las fiestas, ofrecer los diezmos y las ofrendas voluntarias.

Este santuario tuvo un lugar fijo hasta que el pueblo poseyó la tierra de Canaán. Cuando David se convierte en rey de Israel, él desea construir casa fija a Dios para que se le rinda culto, solamente que Dios ordena que el rey no edifique esta casa, porque él había derramado mucha sangre, lo que lo inhabilitaba para hacer tan hermosa obra. Salomón, hijo de David, fue el que ordenó edificar esta habitación en el año 1004 a.C. 487 años después de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto.

Esta magna construcción estuvo en pie la primera vez por 416 años, porque en el año 588 a.C., Nabucodonosor, rey de Babilonia, destruyó este templo (2 Crónicas 36: 17 -19). Al regresar los hijos de Israel de la cautividad de Babilonia, bajo la dirección de Zorobabel, fue construído el segundo templo, en el año 516 a.C., hasta que en el año 70 d.C. las huestes romanas bajo el mando de Tito Vespasiano lo destruyeron, y con esto se cumple la predicción de Jesús (Mateo 24:1,2; Daniel 9:25).

Fue en este último templo -aún edificado- donde el Señor Jesucristo celebró las fiestas, a las que asistió cuando estaba en la tierra, cumpliendo con la ley de Moisés, y es en este lugar donde corre a los vendedores que estaban profanado la casa de su Padre diciéndoles:

Escrito está: Mi casa, casa de adoración será llamada; más vosotros cueva de ladrones la habéis hecho (Mateo 21:13).

Y fue Jesucristo quien se dio a sí mismo para que ese templo que en el año 70 d.C., siguiera vigente por medio de él, para que todo aquel que en él crea, no se pierda más tenga vida eterna.

"Quien se dio a sí mismo por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD y PURIFICAR PARA SI UN PUEBLO PARA POSESION SUYA, celoso de buenas obras." Tito 2:14

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