“Ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está” (Lucas 17:21)

Jehová sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, y cuando ellos llegaron al monte Sinaí, Jehová les dijo: “Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Éxodo 19: 5,6). Por esta razón, como en los días del Señor Jesús aún existía el templo y los sacerdotes tenían la administración del culto, El Divino Maestro les dijo a los sacerdotes y fariseos: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los frutos de él.” ( Mateo 21: 43).

La expresión “estoy bien” forma parte automática de nuestras respuestas en un saludo típico; en ocasiones agregamos con certeza y con fe “Gracias a DIOS” reconociendo que Él obra en nuestras vidas para bien. Si dedicamos más tiempo a una pregunta más profunda:  -¿en verdad estoy bien?-  o -“¿que significa estar bien?”- para obtener estas respuestas hay que trabajar la paciencia y el discernimiento.

El resentimiento es un enojo que trae en memoria aquellas experiencias no gratas, nos impide disfrutar a los demás, destruye la paz interior y rompe nuestras relaciones personales no permitiendo experimentar perdón sincero, el perdón que nos enseña nuestro Dios. El resentimiento trae consigo amargura, egoísmo, rencor y odio, sentimientos que nos debilitan y nos alejan del prójimo, y de Dios.