“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” Juan 6:37.

Si previo a la cita bíblica anterior leyéramos lo que dice Juan en los versículos 1 al 14, podremos observar que a medida que pasaban las semanas del ministerio de Cristo, más y más lo seguían, al grado que después de atravesar el mar de Galilea, subió a un monte, tomó asiento con sus discípulos, y una gran multitud de gentes estaba buscándole. En ese lugar y para probar la fe de un hombre, Cristo preguntó: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos?

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Al comenzar un nuevo día y decidir lo que vamos a hacer durante las 24 horas que lo componen, hay cosas que cruzan en nuestra mente que seguramente son para nuestro beneficio; cuando las visualizamos podemos darnos cuenta que son acciones para cambiar nuestros hábitos o costumbres que han perjudicado nuestra alma, cuerpo y espíritu. Todo lo que deseamos para nuestro bien, puede que haya estado en nuestros planes desde hace tiempo atrás… ¿Te has puesto a pensar por qué todo lo que deseamos  para nuestro bienestar no lo podemos llevar a cabo? 

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Este mundo ha tenido grandes y distinguidos benefactores, hombres que han dado su vida por una patria, por la libertad material. Por un ideal, por una institución etc.,Y todos ellos han merecido admiración y respeto, pero ninguno ha logrado la redención integral de la humanidad, ninguno ha tomado el lugar que ocupó el insigne Maestro de lsrael. El vino como la misma Biblia lo dice: “para dar su vida por la vida del mundo" (Juan 6:51).

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios". Juan 3:16-18 LBLA

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