Imagina que con toda la confianza alguien te vende la idea de que al participar con él en su empresa, a los dos meses tendrás 100 veces lo que inviertas. Cuando haces las operaciones en tu mente viaja la idea de la riqueza, todos los sueños que has tenido (materialmente hablando) pueden ser cumplidos y sin el esfuerzo necesario, es una idea atractiva; pero si la analizamos, es poco probable, algo como ganarse la lotería con posibilidad de 1 en 5 millones. Sabemos que el dinero no cae del cielo, es algo que nos debemos ganar con nuestro propio esfuerzo.

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En una ocasión a Jesucristo le preguntaba un hombre con mucho conocimiento, siendo el principal entre un pueblo que tenía estudio y la historia de su pueblo que transmitía sabiduría; pero aún con todo ese conocimiento y antecedentes no pudo entender unas palabras que expresaba el hijo de Dios: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3) ¿Cómo puede un hombre de avanzada edad volver a nacer, o puede alguno de nosotros volver al vientre del que nacimos? Aquel hombre, y como muchos de nosotros faltos de entendimiento, no comprendemos las palabras que mencionaba Jesucristo.

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Hace más de mil novecientos años que nuestro Señor Jesucristo dijo a sus seguidores que si querían tener vida eterna y resucitar en el día postrero, era menester comer su carne y beber su sangre, porque su carne era verdadera comida, y su sangre verdadera bebida. Esto era tan importante, que les enfatizó esta necesidad. Pues solamente los que participen de esa clase de alimento vivirán con él.

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