En una ocasión a Jesucristo le preguntaba un hombre con mucho conocimiento, siendo el principal entre un pueblo que tenía estudio y la historia de su pueblo que transmitía sabiduría; pero aún con todo ese conocimiento y antecedentes no pudo entender unas palabras que expresaba el hijo de Dios: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3) ¿Cómo puede un hombre de avanzada edad volver a nacer, o puede alguno de nosotros volver al vientre del que nacimos? Aquel hombre, y como muchos de nosotros faltos de entendimiento, no comprendemos las palabras que mencionaba Jesucristo.

Hace más de mil novecientos años que nuestro Señor Jesucristo dijo a sus seguidores que si querían tener vida eterna y resucitar en el día postrero, era menester comer su carne y beber su sangre, porque su carne era verdadera comida, y su sangre verdadera bebida. Esto era tan importante, que les enfatizó esta necesidad. Pues solamente los que participen de esa clase de alimento vivirán con él.

Cuando tomamos un libro y lo abrimos para su lectura, podemos empezar en el principio y bien acabar al final. Me puedo saltar una parte e inclusive para muchos que son impacientes, pueden saltarse al final para saber cómo termina la historia. La literatura es rica es todas las formas que se trata la palabra, muchos lenguajes utilizados son simples para darle al lector una clara idea de lo que se está leyendo, hay escritos complejos donde el lenguaje requiere un conocimiento amplio de las palabras. Si no contamos con ese conocimiento el libro puede perder sentido para el lector y así aminorar lo hermoso de la expresión del autor.