Son tres fiestas en el año donde nuestro Dios por mandamiento nos pide que hagamos el sacrificio por estar completos; es decir, sin distracciones, que nuestro espíritu, alma y cuerpo se concentren en aprovechar lo que ha hecho Dios para nosotros. La última fiesta del año es una de las más felices, hemos recibido el justo juicio de Jehová sobre nuestras obras y se ha ido muy rápido. Puede que no alcancemos a considerar todo lo bueno que ha sido nuestro Dios.

Las guerras se originan en todo lugar, lamentablemente la historia nos demuestra que los hombres no han sabido lidear contra sus propios deseos como: querer tener la razón, dominar a otros, conquistar, ser los primeros, etc. Aunque Dios enviaba a su pueblo a guerra, y se confrontaban con pueblos más poderosos, Dios cuidaba a su pueblo para que tuviera paz. Si el pueblo enemigo se negaba a tener paz entonces el pueblo de Dios los confrontaba por que se hacían los enemigos de Dios. La confrontación trae calamidad y sufrimiento, esto es lo que a nuestro adversario el Diablo le agrada, poner a todos en contra de su prójimo para que mueran espiritualmente.

Como á sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo. (1 Corintios 10:15)

El entender el significado y propósito de la Pascua requiere de un gran sacrificio de nuestra parte, ya que el conocimiento viene por el poner en acción los mandamientos, que tanto Dios como su hijo Jesucristo nos dejaron para nuestra vida. Hay quienes a pesar de los años en la iglesia, el bautismo y las pascuas celebradas, aún no han comprendido todo lo que conlleva celebrar Pascua a nuestro Dios. Por ello este verso inicial nos habla a los que hemos tenido sabiduría para acudir y tomar del cuerpo y sangre de Cristo.