Si analizamos lo que nos dice la palabra de Dios, en Éxodo 19: 3-8, en relación con la forma como estaban actuando los sacerdotes y fariseos y considerando que estos formaban la parte importante del pueblo, veremos que no estaban haciendo los frutos del reino, porque como dice el profeta Malaquías en su capítulo 2, los sacerdotes se habían apartado del camino de Jehová; y habían hecho tropezar a muchos en cuanto a la observancia de la Ley, por lo mismo, ellos habían corrompido el pacto que aceptaron cumplir. Jesús mismo, dijo al pueblo de su tiempo, que en vano honraban a Dios, porque le honraban mediante mandamientos de hombre.

Jesús como enviado de Dios, vino con la consigna y el interés de predicar a las gentes la Voluntad de Dios, esto es, a llamar a los pecadores al arrepentimiento. Cuando él les anunció que el reino de los cielos se había acercado, no les anunció una cosa que no conocían, pues antes que Jesús, Juan el bautista les anunció lo mismo, por esa razón vemos que los del pueblo que habitaban en Jerusalén salieron al río Jordán para ser bautizados por Juan el bautista.

Así nos damos cuenta, el porque el reino estaba entre el pueblo judío, y es la causa por la que El Señor Jesús les habló del reino en la expresión de nuestro texto inicial “... el reino de Dios entre vosotros está” Como consecuencia de sus pecados, y de que no valoraron ese privilegio, el Señor les dice: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los frutos de él...” (Mateo 21:43-45). Nosotros tenemos el privilegio de buscar vivir ese reino de los cielos, pero al igual que los judíos debemos permanecer en fidelidad con los mandatos divinos y acatamiento a la Voluntad de nuestro Dios. (Porque lo que antes fue escrito, es para nuestra enseñanza).