Año 397 a.e.c. Escribe Malaquías cuando el pueblo de Israel ya había regresado de la cautividad de Babilonia para la reconstrucción del templo. Conocemos que el pueblo de Israel quería reconstruir con el deseo de tener nuevamente la protección de Dios y su bendición. El templo al ser destruído se encuentra con muchas cosas que se frenaron, entre ellas los sacrificios, la alabanza en sus fiestas, las oraciones que eran escuchadas. El deseo de los que volvieron a la cautividad con todo el sufrimiento,  era ferviente por la cercanía con Dios, así el templo podía ser vuelto a reconstruir con el edicto del Rey Artajerjes.

Había gozo en el pueblo con el templo nuevamente de pie, con todo lo que vivieron durante 70 años de cautividad, debería de ser suficiente para valorar lo que nuevamente tenían gracias a Dios. ¿Cuánto les habrá durado el gusto? Pocos años después los sacrificios que ofrecían a Dios eran defectuosos, leamos:

“El hijo honra al padre, y el siervo á su señor: si pues soy yo padre, ¿qué es de mi honra? y si soy señor, ¿qué es de mi temor?, dice Jehová de los ejércitos á vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? Que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos amancillado? En que decís: La mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para sacrificar, ¿no es malo? asimismo cuando ofrecéis el cojo ó el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo pues á tu príncipe: ¿acaso se agradará de ti, ó le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. Ahora pues, orad á la faz de Dios que tenga piedad de nosotros: esto de vuestra mano vino: ¿le seréis agradables? dice Jehová de los ejércitos”. Malaquías 1:1-9

Vamos hacer un resumen de las situaciones que plantea Malaquías:

  1. La apostasía que realizaba el pueblo manifestada con los matrimonios mixtos con paganos.
  2. La falta del pueblo en pagar los diezmos y sus ofrendas.
  3. El descuido de los sacerdotes permitiendo el sacrificio de animales impuros e imperfectos.
  4. La negligencia del sacerdocio en sus actividades.
  5. La inminencia del juicio de la venida del precursor y el Señor.
  6. El arrepentimiento para juzgar y destruir el argumento del pueblo de no tornar a Dios de todo corazón.

Todos estos problemas deberían de haber sido expulsados en las costumbres del pueblo, por el aprendizaje que habían recibido en tiempos de cautividad. Pero su corazón contaminado no era entregado completamente para la purificación, se contaminaron dando en casamiento a sus hijos con personas de otros pueblos, no veían las consecuencias de esta acción tan delicada porque estaban llevando a sus hijos a pos de dioses ajenos. Ya no daban completos sus diezmos pensando que era más su necesidad que el cumplimiento de los mandamientos. Los sacrificios que se ofrecían ya no cumplían con los requisitos que había solicitado Dios desde un principio, animales ciegos, tuertos, cojos eran aceptos por los sacerdotes, así que tanto el pueblo como el sacerdocio estaba mal delante de Dios. El sacerdocio dejó de apreciar la grande bendición de servirle a Dios, se habían convertido en guías ciegos, donde las actividades que ellos realizaban era de suma importancia para la purificación del pueblo. Sabían que el juicio de Dios venía y que era anunciado, pero ignoraban estas advertencias, preferían vivir en la comodidad de las cuestiones carnales. Así que no podía ser destruído su argumento para entregarse por completo a Dios, seguían prisioneros de sus propios pecados, se refugiaban en su propia esperanza de que lo que hacían los iba salvar, o que por lo menos vivirían bien en el tiempo de vida que les quedara.

Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Tornaos á mí, y yo me tornaré á vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar? Vuestras palabras han prevalecido contra mí, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es servir á Dios; ¿y qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos? Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron á Dios, escaparon. (Malaquías 3:7;13-15)

Menospreciaron la bendición de guardar la ley, todos los mandamientos que habían sido dados por Dios, los estaban interpretando a una forma carnal donde todo lo descomponía por la comodidad, la falta de sacrificio propio lo transmitían en sus sacrificios defectuosos, con todo lo que les anunciaban los profetas ellos contestaban: “¿Qué aprovecha si guardamos su ley?” Si muchos vemos que los que no guardan los mandamientos les va bien, tienen lo que necesitan y hasta más, ellos no guardando la ley están mucho mejor que nosotros. Esta situación preocupaba a Malaquías, el dolor de escuchar al pueblo decir estas palabras, de no reconocer que sin humillarse a Dios, todo lo veían bajo los ojos terrenales y no alcanzaban a vislumbrar las promesas de Dios que estaban alejándose de ellos y de sus hijos.

Entonces los que temen á Jehová hablaron cada uno á su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fué escrito libro de memoria delante de él para los que temen á Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer: y perdonarélos como el hombre que perdona á su hijo que le sirve. Entonces os tornaréis, y echaréis de ver la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve á Dios y el que no le sirve. (Malaquías 3:16-18)

Así que aparece un libro de memoria, para recordarles que todas sus obras estaban escritas, tanto las buenas como las malas, para que el pueblo tuviera presente que toda obra delante de Dios es llevada a juicio. Que recordaran que solo los que guardan sus mandamientos hiban a estar escritos en ese libro de memoria, no guardarlos al propio entendimiento por que la ley de Jehová es perfecta.

Éxodo 32:15-33 En las tablas escritas para el pueblo de Dios, en ellas se encontraban mandamientos que el pueblo había aceptado escuchar y guardar todo lo que Dios les dijera, en su pecado de idolatría y de nuevamente hacer su propia voluntad, se encontraron con la situación de que Dios ya los había inscrito en el libro de memoria, pero sus pecados podían ser la causa de ser borrados. Moisés es el primero en mencionar este libro y desde ese momento el pueblo conocía que había obras que eran correctas e incorrectas delante de Dios.

Para estar inscritos en el libro de memoria hay que obtener una nacionalidad espiritual, para nosotros que no somos en la sangre sino en el espíritu la forma dada por Dios es el bautizo. La república de israel es donde se escribió ese libro de memoria, por hacer pacto Dios con ellos, con Abram y con toda su descendencia. Nosotros como gentiles debemos acudir a ese medio de salvación el cual es Jesucristo para estar escritos en el libro de memoria.

Mas os habéis llegado al monte de Sión, y á la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y á la compañía de muchos millares de ángeles, Y á la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos, y á Dios el Juez de todos, y á los espíritus de los justos hechos perfectos, Y á Jesús el Mediador del nuevo testamento, y á la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel. (Hebreos 12:22-24)

El bautizado tiene acceso al israel de Dios y a sus promesas, el que no es bautizado solo las puede desear, pero no tendrá acceso hasta cumplir el requisito.

Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús. (Apocalipsis 14:12)

Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego. (Apocalipsis 20:12, 15)

Si estamos inscritos en el libro de la vida, tenemos posibilidad de entrar en el reino de Dios, pero si no estamos inscritos el pago es la muerte. El bautizo es un requisito para tener acceso a las promesas de Dios y poder estar escrito en su libro, permanecer en ese libro implica obedecer a Dios y guardar sus mandamientos como el lo pide. No ser frío ni tibio con las cosas que nos pueden llevar a vida eterna.

Estar en libro de memoria es importante para nosotros, pero si decimos que no es tiempo, o que no es importante, o que no sabíamos que debíamos estar escritos ahí, estaríamos diciendo a Dios que menospreciamos sus bendiciones y las promesas a las cuales nos hace la invitación las dejamos pasar por algo que creemos mejor.

Si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿No lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras. Proverbios 24:12

Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es. Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. (Apocalipsis 21:1-3)

Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. Y la ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero era su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán en la lumbre de ella: y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor á ella. Y sus puertas nunca serán cerradas de día, porque allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones á ella. No entrará en ella ninguna cosa sucia, ó que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero. (Apocalipsis 21: 22-27)

El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.(Apocalipsis 3:5)