Sí   la oración  es la vida de un  hijo de Dios; de ahí  que no pueden existir  hijos sin tener el hábito  de la oración. Podemos ser cristianos  de nombre, pero a la hora de comunicarnos no lo hacemos  con aquel que da y que arregla todas las cosas. Como  un deber, o como un privilegio, el cristiano debe orar  con entera confianza, con una completa seguridad de que el  Señor no lo desechará, Cristo dice: “ El que a mí viene, no lo  echo fuera…” Por eso el Apóstol Pedro nos aconseja de esta manera:  “Echando toda nuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de nosotros” (1ª.  Pedro 5: 7). Al orar debemos tener confianza de ser oídos, al pedir debemos tener  seguridad de recibir como dice el Apóstol Juan: “Esta es la confianza que tenemos en él,  que si le demandaremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”. (1ª. Juan 5: 14). Debemos  demandar conforme a su voluntad, para pedir solamente lo que es bueno y útil para nuestra vida.  Pablo decía “Oraré con el Espíritu, mas oraré también con entendimiento…” (1ª. Corintios 14:15 ).

La  influencia  de la oración  está manifiesta   a través de muchos  ejemplos de grandes personajes  bíblicos que han sabido confiar  cuando hacen alguna petición.

Abraham  oró sobre  el monte, y  Dios le proveyó  de un animal para  el sacrificio en lugar  de su hijo; Elías oró al  estar con los Baales para que  Dios consumiera el sacrificio, y  Dios lo escuchó inmediatamente. En  otra ocasión oró para que no lloviera  tres años y seis meses y Dios le oyó,  igualmente después oró para que descendiera  la lluvia y ésta descendió; David oró estando  en la cueva y Dios le dio fortaleza; Salomón oró  en el Templo, pidiendo que el santuario fuera lleno con  la gloria de Dios, y El Creador le dio una maravillosa  contestación; Jeremías oró estando en un calabozo, y estando abatido,  recibió el consuelo y fue exaltado.

Cristo  oró en el  huerto, y nuestro  Padre Celestial le envió  un ángel para consolarlo y  le diera fortaleza. La Iglesia oró  por Pedro cuando estaba en la cárcel  y Dios inmediatamente contestó maravillosamente,  de igual manera cuando Pablo estuvo preso, los cimientos  de la cárcel se cimbraron, quedando libres todos los presos  y causando la conversión del carcelero y su familia. Juan oró  en la Isla de Patmos, y Dios le dio las visiones proféticas sobre  las cosas que habrían de suceder presto.

Qué  es lo  que hizo  todo esto? Indudablemente   que la fe, porque “ sin fe  es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).  La fe es la llave para abrir las puertas de la  misericordia de Dios, por eso el Señor Jesús decía: “…Es  necesario orar siempre y no desmayar ” (Lucas 18:1).

El  poder   de la oración  es infinito, y mientras  más consagrados estemos en  la oración, más conoceremos de  su infinita bondad, para darnos conforme  a su voluntad. Qué grandes cosas podríamos  hacer por medio de la oración? Muchas, pero  si nos falta la fe, nos falta la llave principal  para abrir la voluntad de Dios a complacernos en nuestras  peticiones.

Y  para  terminar  este bosquejo,  recordemos las palabras  del Apóstol Pablo:

“Por nada  estéis afanosos; sino sean notorias  vuestras peticiones delante de Dios en  toda oración y ruego, con hacimiento de  gracias..” (Filipenses 4: 6,7)

Y confirmaremos que  en verdad influye mucho en nuestro favor el que  OREMOS CON FE, y este ejercicio (orar) sea constante.