Veremos algunos versos para que la sabiduría de Dios nos ayude a aprovechar la fiesta que ha dispuesto para nosotros.

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan. (1 Corintios 10:16,17)

Al querer ser parte del pueblo de Dios, nos añadimos a un cuerpo donde cada uno de los que lo integran tienen funciones importantes y fundamentales para el buen desarrollo del cuerpo. Como el vino es en comunión ya dejamos de ser solos, es decir adquirimos la gran bendición de ver por las necesidades de todos los que componen el cuerpo, cada uno con el don que Dios le ha dado, verá por las necesidades que pueda abarcar. La comunión con el cuerpo es saber que como una familia espiritual, veremos ya no solo por mi y por los de mi sangre, ahora también los hermanos, hijos, hijas, abuelos, etc. Que hemos adquirido en la iglesia hay que procurarlos y cuidarlos. 

El pan que compartimos en esta solemnidad ha sido compuesto no por un sólo grano de cereal, han sido muchos que en conjunto conforman una masa y que cada ingrediente separado no podría hacerse pan por sí sólo, depende de su hacedor, y de la cabeza que le enseñará cómo ser una masa libre de levadura (pecado).

Aún en estos tiempos que celebraremos Pascua cada uno en su hogar, no podemos olvidarnos del cuerpo, habrá quienes sufran más que otros, y posiblemente algunos se verán impedidos para participar de la fiesta, pero siempre es el momento de orar los unos por los otros y solicitar que la Iglesia pueda estar en espíritu acompañada, orar por nuestros dirigentes y unificarnos con las disposiciones que han dado. También orar por el mundo y sus autoridades para que acepten a Dios y se arrepientan de su mal actuar.

Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad; Mas si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:6,7)

Así que para perfeccionarnos dependemos de ser parte del cuerpo, el que nos ayuda a quitar todas nuestras faltas es Jesucristo, sólo el conoce nuestro corazón y sus intenciones; sabe nuestras debilidades y fortalezas y nos ha elegido para ser parte de su cuerpo (Juan 15:16 No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros). Así que andar en el evangelio de Cristo nos impulsa a dejar de lado nuestros miedos y prejuicios en todo momento para estar bien con todos los que componen el cuerpo. Apoyarme del perdón, de la oración, del ayuno y de la Palabra de Dios que es la guía de vida para llegar a tierra prometida.

Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. (Juan 3:19)

Lamentablemente aunque el deseo de todos los que somos de Dios es que el cuerpo se mantenga en comunión, sabemos que habrá quienes no amen al cuerpo y todas sus características. Lo hermoso de la iglesia desde su fundación, cuando nuestros Padres fueron elegidos por la fe en Dios, lo que los impulsó a dejar una vida atrás y ser adoptados como hijos por Dios, donde no hay judío ni Griego, no hay Apellidos ni familias carnales, porque ahora es Cristo el que nos unifica como uno sólo, a pesar de las diferencias de opinión, nuestro esfuerzo es para llegar a la unidad de la fe, un espíritu, un bautismo y un Dios y Padre de todos. Así que no hay divisiones de Familias, somos una gran familia que nos une algo más poderoso que la Sangre, nos une Jesucristo.

Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. (1 Corintios 11:28,29)

Sabemos que como seres humanos tenemos faltas, nuestros defectos lastiman, hieren y matan espiritualmente a muchos. Pero ahora en comunión con Cristo aprendemos que así como el nos perdonó nuestras muchas faltas, nosotros también hay que corresponder a nuestro cuerpo, no importando el tamaño de la falta, es más pesado llevar resentimientos, odios e iras en nuestro corazón, que perdonar a nuestro prójimo por lo que nos haya hecho.

El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia. (Proverbios 28:13)

No podemos encubrir nuestras faltas, Dios el ser Omnisciente conoce nuestros pensamientos y sabe todo lo que podemos guardar en nuestros corazones. Pensando que si no se los decimos a nadie ninguno saldrá herido, es una gran equivocación que podemos cometer, al cuerpo le duele si no canalizamos nuestra energía a estar en paz los unos con los otros, no pensando ningún mal del otro, sino por el contrario ayudarnos como uno en mejorar y en quitar todo lo que nos pueda afectar. Ya no soy sólo ahora soy del cuerpo.

Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente. (Mateo 5:23,24)

En la Pascua son los momentos especiales para recordar lo que hizo nuestro Salvador por nosotros, entregando su vida para que nosotros tuviéramos una oportunidad de salvación, y si nuestra cabeza ya nos da recomendaciones para estar santificados en la presencia de Dios, busquemos con afán el seguir los pasos del maestro, que nadie pague mal por mal, ni maldición por maldición, el mal se vence con el bien y con la caridad entrañable que podemos practicar. Si no nos sentimos listos recuerda siempre, ya no estás solo, ahora toda una iglesia se encuentra contigo con las mismas necesidades, no escondemos más nuestros defectos y pecados, los confesamos y nos apoyamos en aquel que nos llamó de tinieblas a su luz admirable.

Por mi cuerpo y por mi iglesia que tanto amo, disfrutemos de nuestra Pascua.