<a href='https://www.freepik.com/photos/people'>People photo created by jcomp - www.freepik.com</a>“ Yo les hablo así para que se alegren conmigo, y así se llenen de gozo.”

Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros, como yo los amo a ustedes. El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su patrón. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho.

Ustedes no me escogieron a mí; Yo les escogí a Ustedes, y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto dure. Y así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre. Esto, pues, es lo que les mando: que se amen unos a otros”. (Juan 15: 9-17)

Hay algo que se destaca a simple vista a estas palabras de Jesús: Su amistad se expresa en términos de amor, pero notemos que este amor es algo más que afecto, cariño, o un sentimiento de simpatía. Aquí está todo el énfasis de las palabras de Jesús: “Mi mandamiento es este: Que se amen los unos a otros como Yo los amo a Ustedes” (verso 12). La amistad de Cristo es una amistad de amor.

Esto suena como música atonal a nuestros oídos. Tanto es así que muchos han llegado a mirar con sospechas la amistad entre David y Jonathan interpretándola más como algo enfermizo y anormal que como un sentimiento limpio y auténtico, aunque es verdad cuando nos referimos a un amigo, por temor quizá a ser mal interpretados. Pero Jesús nos dice que Él nos ama y que debemos amarnos unos a otros, su amor y amistad son revolucionarios y transformadores.

Es posible que mi amistad con los hombres no cambie mucho mi vida, pero la amistad de Jesús y la manifestación de su amor hacen algo en Mí, al menos provoca en nosotros una doble reacción. Por un lado el amor de Jesús hacia nosotros produce una respuesta de amor hacia Él, Él me ama y no puedo menos que corresponder a ese amor con obediencia y servicio. Pero al mismo tiempo, la presencia de su amor en mí proyecta hacia aquel que está a mi lado de tal manera que genera en mí una respuesta de amor al prójimo.

Jesús nos dice también que su amistad es tan especial que: “Da su vida por sus amigos” (versículo 13). No hay nada en el mundo que pueda superar esto como expresión de amor y sincera amistad. En el hombre es fácil ver lo que expresara el poeta latino Ovidio, cuando veinte siglos atrás decía: “Mientras seas feliz, contarás con numerosos amigos; si el tiempo nublara, te hallarás solo”. 

Con Cristo no es así. Su amistad y amor se expresaron en forma concreta y a costo de un gran precio: Su propia vida. Por lo mismo te exhortamos a que te amistes con Cristo y seas feliz por siempre, pues Él será tu amigo en las buenas y las malas.  

Que Dios nos siga bendiciendo.

Reedición de Boletín Bethesda No. 551 Año 16, Sábado 6 de Noviembre  de 2010.