<a href='https://www.freepik.com/photos/food'>Food photo created by lifeforstock - www.freepik.com</a>Uno de los principales propósitos del Espíritu Santo al entrar en la vida de un cristiano, es el de cambiar esa vida. Es el trabajo del Espíritu Santo transformarnos a la imagen de Cristo, haciéndonos más parecidos a Él. 

El fruto del Espíritu Santo está en directo contraste con los hechos de la naturaleza pecaminosa.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:19-21

El Apóstol Pablo describe cómo es la gente, en mayor o menor grado, cuando no conocen a Cristo, y por lo tanto no están bajo la influencia del Espíritu Santo. Nuestra carne de pecado produce este tipo de fruto de pecado, y el Espíritu Santo produce el otro tipo de fruto (Gálatas 5:22-23). La vida cristiana es una batalla entre las acciones de la naturaleza de pecado, y el fruto del Espíritu Santo. Como seres humanos caídos, aún estamos atrapados en un cuerpo que desea las cosas pecaminosas (Romanos 7:14-25). Como hijos de Dios seguidores de Cristo, tenemos al Espíritu Santo produciendo su fruto en nosotros, y contamos con su poder para que conquistemos los actos de la naturaleza de pecado (2 Corintios 5:17; Filipenses 4:13).

En la vida del hijo de Dios, es importante permitir que progresivamente el Espíritu Santo produzca más y más de su fruto en nuestras vidas y conquiste nuestros opuestos deseos pecaminosos. Dios desea que nuestras vidas muestren el fruto del Espíritu, y con la ayuda del Espíritu Santo ¡Esto es posible!.

Cambiando esta simple actitud y adquiriendo frutos que nos harán santos, será simple aceptar a las personas tal y como son, si hemos entendido que la esencia de todo ser viviente proviene solo del creador, nuestra tarea es sencilla. Demandemos a Dios los frutos del espíritu, la tolerancia que nos enseña a vivir en armonía entre las gentes; El gozo para ser siempre agradecido con Dios con lo que nos concede y disfrutar de la vida a pesar de las adversidades; La mansedumbre que siempre piensa en hacer lo bueno al prójimo, no regresando mal por mal ni maldición por maldición; La fe con la que podemos agradar al Padre de las luces. Cada una de las virtudes que tiene este fruto serán para darle gloria y honra al creador, y así pronto seremos una luz en el camino de las personas que se encuentran inmersas en el fruto del pecado, a través de nuestro ejemplo, ellos verán cómo debe actuar alguien que busca ser llamado hijo de Dios y nosotros actuando con sabiduría les indicaremos el camino a seguir el cual es Jesucristo.

“Sin cesar, acordándonos delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, y del trabajo de amor, y de la tolerancia de la esperanza del Señor Jesucristo. 1 Tesalonicenses. 1:3

No nos cansemos hermanos de buscar esa tolerancia que nos llevará a aceptarnos tal y como somos, una sola creación del todo poderoso.