Tal vez nos hemos propuesto por ejemplo: el alimentarnos mejor, o leer un poco más de lo usual, ver menos televisión y pasar menos tiempo en las redes sociales. Cuando comienza a rondar en la cabeza ese pensamiento tiene poder, hasta imaginamos que ya lo hemos logrado, ya que es algo fácil. Cualquiera lo puede lograr; pero ¿qué es lo que nos detiene? 

Hoy que estás leyendo este artículo, tal vez sientas el deseo de terminar de leer, porque posiblemente te deje algo bueno; pero lo que quieres hacer realmente es seguir viendo otra cosa donde no tengas que hacer ninguna acción al terminar. Vivimos en un mundo donde diariamente decidimos, y si no guardamos nuestro corazón de pensar cosas vanas, perderemos mucho tiempo de nuestra preciosa vida haciendo cosas que sólo obedecen al enemigo. “Mira a la hormiga oh perezoso”, decía el sabio Salomón, un insecto que no necesita de capitán para levantarse temprano, ir a trabajar hasta que cae el sol y cumplir con la misión para la que fue creado. 

Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos al SEÑOR.  

Levantemos nuestros corazones con las manos a Dios en los cielos.  

Lamentaciones 3:40, 41  

El Dios Todopoderoso nos ha mostrado en su Palabra una enseñanza muy importante sobre este tema. 

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.  

Proverbios 4:23 

A nuestro corazón se le atribuyen los pensamientos, no porque el mismo corazón sea quien genere los pensamientos, el cerebro se encarga de esa función: “Todo camino del hombre es recto en su opinión; mas el SEÑOR pesa los corazones.” (Proverbios 21:2); así que nuestro Dios nos enseña que del corazón salen los pensamientos, los planes que hacemos en nuestra vida, ya sean buenos o malos. Ese corazón también necesita cuidado, que lo alimentemos con pensamientos que nacen del deseo de hacer lo bueno, para que por medio de la voluntad logremos todo lo que deseemos. 

“Sed también vosotros pacientes, y confirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca.” (Santiago 5:8); así que nuestro corazón si no se encuentra fuerte en el deseo de hacer cosas que nos beneficien, probablemente vaya por mal camino, obedeciendo sólo los deseos de la carne. No basta con desear hacer las cosas, es necesario considerar que la perseverancia en las obras buenas es lo que hará de ese corazón algo digno de entregarle a nuestro Dios.  

Cuando es nuestro deseo hacer el bien para uno mismo no debería existir nada que nos detuviera; pero también el corazón tiene ganas de hacer otra cosa, no podemos actuar solos para vencer al mal. 

“Pues su corazón no era leal para con Él,  ni eran fieles a su pacto. Mas Él, siendo compasivo, perdonaba sus iniquidades y no los destruía;  muchas veces contuvo su ira, y no despertó todo su furor.” (Salmos 78:37, 38).  

Así que Dios es paciente, para que lo busquemos a Él y que sea el deseo de todo corazón servirle y adorarle, conceptos que para algunos de nosotros pudieran ser ajenos; pero en la búsqueda encontraremos el significado, y al aceptar que Cristo es el camino será él quien limpie y confirme el corazón hacia Dios. 

Busquemos en dónde está nuestro tesoro porque seguramente ahí estará nuestro corazón. Si realmente deseamos hacer cambios en nuestra vida, la voluntad nos la dará nuestro Dios al corroborar nuestros pensamientos en el buen hacer, y si aceptamos que no podemos hacerlo solos, recuerda que “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece”. 

Por: Servidor de Dios