En 1966 la revista Time publicó una portada preguntando ¿Dios está muerto? Las personas estaban aceptando esa narrativa de que Dios estaba obsoleto, conforme a que la ciencia avanza había nuevas formas de justificar nuestra existencia y la de todo el universo, pero entre más conocemos del universo, más nos convencemos de un Autor de todo lo que conocemos.

Antes de iniciar es importante que tanto el esposo como la esposa estén juntos para este mensaje.

  1. Espíritu Santo.

Mateo 1:18. La vida de María corría peligro pues podría ser considerada como fornicaria y ser apedreada si José decidía infamarla. Si transportamos este ejemplo al día de hoy muchos hombres hubieran huido de la situación manchando el buen nombre de María.

Mateo 1:19.  Pero José siendo JUSTO, pensaba en dejarla sin difamarla, sin decirle a nadie. En la mente de José había un problema que en su razonamiento humano deseaba arreglar, ¿esta era la voluntad de Dios?.

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

En esta increíble experiencia donde te puedes acercar al vuelo de las aves como si fueras uno más de la parvada, podemos darnos cuenta de la maravilla que ha creado la tecnología, cómo ha avanzado para que podamos experimentar ideas que compartimos en sueños.

Observemos nuestro alrededor y veamos las maravillas de Dios que están en nuestro entorno, desarrollemos sensibilidad ante las cosas que pasan, cada día es una maravilla de la creación, aun con tanto desorden que ha sido provocado por los seres humanos.

Si quisiéramos callar los rumores o a la gente que habla de nosotros; tal vez tendríamos que recurrir a un arma nuclear que atacara toda una colonia o un país, y no es que seamos muy populares, sino porque es algo común y que acostumbramos mucho los seres humanos.

Si identificas en las conversaciones cuántas veces mencionas a una persona ausente, independientemente si dices algo bueno o malo de la persona, están en nuestras pláticas; pero ¿por qué influye tanto en nuestras emociones lo que los demás digan de ti? En ocasiones puede ser que ni siquiera estén hablando de ti; pero como murmuración, nuestra cabeza nos dicta pensar que algo están diciendo de nosotros y que lo que dicen no es bueno.