Antes de iniciar es importante que tanto el esposo como la esposa estén juntos para este mensaje.

  1. Espíritu Santo.

Mateo 1:18. La vida de María corría peligro pues podría ser considerada como fornicaria y ser apedreada si José decidía infamarla. Si transportamos este ejemplo al día de hoy muchos hombres hubieran huido de la situación manchando el buen nombre de María.

Mateo 1:19.  Pero José siendo JUSTO, pensaba en dejarla sin difamarla, sin decirle a nadie. En la mente de José había un problema que en su razonamiento humano deseaba arreglar, ¿esta era la voluntad de Dios?.

Muchas veces entregamos resultados que no son del Eterno y terminamos por hacer más mal que bien, generalmente confiamos más en nuestra propia habilidad para enfrentar los problemas que en la habilidad del Señor, confiamos más en nuestra perspectiva humana que en la sabiduría de Dios.      

Mateo 1:20. Y PENSANDO ÉL EN ESTO, José se apartó un momento para meditar. Lo mejor que podemos hacer para solucionar una dificultad en el matrimonio es meditar: Piénsalo, piénsalo, piénsalo. Pablo nos recomienda “no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, sin embargo si la respuesta que tenemos aún no es de Dios, tenemos que esperar un poco más. Ante un problema la primera reacción que sale de nosotros no es la adecuada, ofrecemos gritos, inconformidades, pasado no resuelto, frustraciones, amenazas humillantes y que lastiman por largo tiempo. José se da espacio para ser visitado por el ángel de Dios quien le dio la respuesta correcta, es importante señalar que si vamos a solicitar espacio, tenemos la obligación de regresar para hablar (esto normalmente aplica para los hombres) enfrentemos los problemas. Una mujer se sujeta a un hombre que está sujeto a Dios. Si tu marido no está sujeto al Señor compartamos este mensaje. Hombre urge que te sujetes al Señor.

Juan 14:14-18,26. Jesús confirma que a su partida enviará otro Consolador, es decir otro ser del mismo pensar, con el mismo poder, con el mismo consuelo que él ofrecía. De acuerdo a esta promesa, el Espíritu Santo nos acompaña a todos lados enseñándonos la voluntad del Padre, por lo tanto ¿que necesito para mi matrimonio? Necesitamos del Espíritu Santo, ¿cómo lo obtengo? Conociendo a Cristo y aceptando que es mi salvador, el cual me llevará al Padre para que sea yo acepto.

Si logramos aceptar al Espíritu Santo en nuestra vida, aprenderemos del consejo de José: Apartarme para escuchar la voluntad de Dios. Cuando alcancemos este nivel, empezaremos a percibir desde otra perspectiva los problemas. Ahora, buscar ser responsables reconociendo que nuestra carne no desea hacer el trabajo, no desea dar el tiempo como José para escuchar al Espíritu, lo único que desea es que otros apoyen la decisión carnal que ya tomó.

La razón por la que no queremos escuchar a Dios es porque menospreciamos lo que Él quiere decirnos, si a Dios no le hago caso ¿cómo puedo escuchar a mi pareja, quien me está dando un buen consejo?     

Romanos 8:11-14. Viviendo conforme a la carne vamos a morir, si es por el espíritu viviremos.

  1. Morir.  

Juan 12:24. Ocupemos esta parábola para compararla con las relaciones matrimoniales, si cada pareja no aprende a morir, negarse a sí mismo, a perder su vida por ganar a Cristo, la soledad es la consecuencia. Usando este ejemplo, Jesús nos dice que si la semilla muere, habrá cosecha, tú eres esa semilla, entiérrate, muere a tu orgullo, muere a tu ego, despójate de tener siempre la razón, permite que haya cosecha en tu vida.

Tristemente desde hace años tenemos personas viviendo solas en la misma casa, no hay amor, no hay respeto, se enojan todo el tiempo y viven en apariencia compartiendo fotos como las del día de su matrimonio porque anhelan regresar a ese día, ese momento que eran felices, mantienen risas vacías acompañadas de miradas tristes porque no han comprendido que ya no son dos sino uno.  

Pon atención, si tú entregas tu vida a Dios y mueres, llevaras mucho fruto. Este mundo es egoísta y Jesús enseña: dad y se os dará (Lucas 6:38). El mayor problema de los matrimonios es que no desean morir, desean mantener su identidad aunque cause muchos conflictos con su pareja.

Juan 12:25. El Maestro usa este ejemplo para mostrar la importancia de la muerte del ego en la búsqueda de la salvación, ¿deseas salvar tu matrimonio? Muere, no deseas salvarlo sigue viviendo. Todo el mundo desea ser resucitado pero nadie desea morir; todo el mundo quiere vivir su vida y nadie quiere morir mas Cristo no enseñó esto. Nuestra naturaleza humana es egoísta, ninguno de nosotros es capaz de vencer el ego porque quien tiene poder para resucitar es el Espíritu Santo.

Necesitamos morir al YO.

Filipenses 2:1-6 El hijo de Dios dejó su lugar en el cielo, vistiéndose como hombre para mostrar que se puede morir al egoísmo, el cual es una hierba que mata el amor. Hemos adoptado frases como: “Yo no le hago nada porque este sinvergüenza…”, y estamos completamente mal, nos repetirnos a nosotros mismos que los demás son el problema, los demás tienen la culpa, yo no. “Es que él o ella nunca me hablo bonito” “Yo le dije vamos y nunca quería”, las excusas nunca son suficientes para justificar mi mal comportamiento.

Filipenses 1:7. Sino que se despojó así mismo, TOMANDO FORMA DE SIERVO, hecho semejante a los hombres; ¿Qué has hecho esta semana por tu cónyuge y te ha dado felicidad y paz? Es alarmante encontrar varones que piensan que su única función es la de proveer, son indiferentes para escuchar a su esposa, son indiferentes para cuidar de sus hijos, se molestan si se les pide limpiar su propio hogar, pensando erróneamente que estas últimas dos obligaciones sólo son para las mujeres.

Necesitas entender que el principal enemigo del matrimonio eres tú y tienes que morir, tienes que despojarte de ti mismo. Cristo no vino buscando lo suyo, él se vacío buscando lo mejor para nosotros por eso murió en la cruz.

Te invito a que cada vez que vayas a entrar a tu casa te repitas a ti mismo tres veces:

“Está por entrar el mayor siervo de esta casa porque

Cristo no vino para ser servido, vino para servir”.

Cuando la pareja muere y cuentan con el Espíritu Santo, tienen una competencia para saber quién es más como Jesús, lo cual se vuelve increíble porque comienzas a madurar en tu matrimonio.

Conclusión.

Si asimilamos estos dos elementos para uno mismo, nuestra vida y la de nuestra familia será diferente, la gente que nos rodea podrá ver la imagen del Hijo de Dios en el matrimonio, entenderemos que amar y respetar a la pareja es amarnos y respetarnos a nosotros mismos porque “ya no somos dos sino uno”, siendo uno, vamos a comprender el significado de la unidad, concepto usado por nuestro Dios en Juan 17:21-23. Poco a poco dejaremos de dar respuestas agresivas, dejaremos de ofender a la pareja, el matrimonio resucitara con la ayuda del Espíritu Santo. No permitamos que el enemigo gane la batalla.

Apóyate, nadie puede dar lo que no tiene, no puedes amar a tu pareja si tú no te amas, el amor no es una recompensa sino una decisión de amar lo merezca o no, Dios nos ama aunque no lo merecemos a pesar de recibir constante rechazo, acércate a personas que reluzcan un matrimonio santo para solicitar consejo, es un error acudir a personas que también están sufriendo su matrimonio porque su consejo será desde su perspectiva frustrada y no te van a ayudar. Lee libros cristianos sobre matrimonios, busca consejo con obreros que tengan resultados celestiales en su matrimonio y en su familia sino encuentras estos resultados no pidas consejo, comparte detalles a diario con tu pareja, revive el romanticismo.

Principalmente acércate en oración al Padre, agradece la vida de tu pareja, bendice su vida, pide que Dios la acompañe en su camino y la proteja, pide con toda sinceridad recobrar su perdón y su amor. El principal problema de la humanidad es que dejamos la oración como última esperanza cuando en realidad es la única esperanza que nos conduce a la solución. Haciendo tuyos estos consejos, vívelos diariamente, no te apagues.