“Y oró Eliseo, y dijo: ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”

(2º. de Reyes 6:17)

Nosotros, la criatura humana, tenemos ante nuestros ojos un mundo lleno de flores, un cielo lleno de estrellas, puestas de sol hermosas, y mil objetos o fenómenos de la naturaleza, pero, ¿Nos hemos interesado por descubrir a su creador o autor?. No, en muchas ocasiones la respuesta es negativa, aún más triste es, confirmar su condición de Lector de La Palabra de Dios con un velo sobre el corazón, con los ojos del entendimiento cegados, que no le permiten ver el gran valor que Dios le dio, “Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y coronástelo de gloria y de lustre”. (Salmos 8: 5)

La parábola de las 10 vírgenes nos deja una hermosa enseñanza dada por nuestro maestro Jesucristo, siempre recordaremos las exhortaciones que nos hace para ser mejores cada día. Leamos el mensaje y estudiemos juntos la palabra para ser prudentes y estar apercibidos siempre.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17)

Las tendencias y modas en las que muchos se sienten identificados, han llenado de elementos visuales nuestro entorno; nos inundan con imágenes de personas usando, hablando o comportando de una manera que se pueda imitar.

ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad. (2a. Timoteo 3:1,2)

La palabra de Dios nos advierte de los tiempos que estamos viviendo, es muy sabio buscar esos avisos para estar preparados para las cosas que debemos confrontar. No es algo que nos sea sorpresa de la codicia que abunda y del peligro que representa que la humanidad viva codiciando, según la definición la codicia es: Ansia de riquezas, ambición, avaricia, avidez. Deseo vehemente de algún bien material o espiritual codicia de poder. 

“Porque  de  tal  manera  amó  Dios  al  mundo,  que  ha  dado  a  su  hijo  unigénito,  para  que  todo  aquel  que  en  él  cree,  no  se  pierda,  mas  tenga  vida  eterna.  Porque  no  envió  Dios  a  su  Hijo  al  mundo  para  que  condene  al  mundo,  mas  para  que  el  mundo  sea  salvo  por  él.  El  que  en  él  cree,  no  es  condenado;  mas  el  que  no  cree,  ya  es   condenado,  porque  no  creyó  en  el  nombre  del  unigénito  Hijo  de  Dios.” (Juan  3:16-18)

Este  mundo  ha  tenido  grandes  y  distinguidos  benefactores,  hombres  que  han  dado  su  vida  por  una  patria,  por  la  libertad  material; por  un  ideal,  por  una  institución,  etc. Todos   ellos  han  merecido  admiración  y  respeto,  pero  ninguno  ha  logrado  la  redención  integral  de  la  humanidad,  ninguno  ha  tomado  el  lugar  que  ocupó  el  insigne  Maestro  de  Israel.  El  vino  como  la  misma  Biblia  lo  dice: “ para  dar  su  vida  por  la  vida  del  mundo”  (Juan  6:51).