Cada parte de nuestro cuerpo tiene un objetivo específico y ordenado para el que cumple su función, si uno de sus órganos o sistemas falla, inmediatamente el cuerpo manifestará la deficiencia con alguna reacción u enfermedad. Pero ¿te imaginas un cuerpo sin cabeza? Creo que todo cuerpo humano necesita de una cabeza para que el resto de miembros pueda funcionar adecuadamente.

La mayoría de los seres humanos, poseemos alguna habilidad que nos distingue de los demás o que nos relaciona de una mejor manera con ciertos grupos. Estas habilidades las hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida, pero en muchos casos se debe de reconocer que hay personas que nacen con alguna habilidad. Estas actividades pueden convertirse en oficios, pasatiempos u oficios que en muchos casos son el sustento para la vida.

Las bendiciones de Dios no tienen comparación, la protección, la salud, la inteligencia y sabiduría y la vida eterna, son algunas de esas promesas. Pero para llegar a ellas no es que vayamos solos y queriendo que según nuestro pensamiento sea como las obtengamos, Él ya tiene trazada la forma en cómo obtenerlas y siempre nos guiará para que las obtengamos.

Para comenzar, es importante tener presente que el Espíritu Santo es una guía para el hombre en su vida, tomaremos un ejemplo muy simple para poder entender con más claridad éste principio.

Cuando se transita por una carretera, son notorios los señalamientos que hay en el camino para que los conductores los pueden ver y así evitar un accidente que en muchos casos son fatales, advierten de los posibles peligros que se avecinan en el camino, como por ejemplo: curvas cerradas, deslaves, cruce de ganado, cruce de peatones, grava suelta, bajadas muy pronunciadas, etc. la finalidad de esas advertencias, como ya se mencionó; es evitar una desgracia.

Las tribulaciones y pruebas que Dios nos permite vivir, es muy importante saber que no estamos solos para enfrentarlas, si lo hacemos sólos nos podemos desgastar, desanimar, dar por vencidos y pensar que no podemos con ellas. Pero nuestro Dios nos enseña que a nadie se le da más de lo que puede cargar.

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:28-30