Como el agua refleja el rostro, así el corazón del hombre refleja al hombre. (Proverbios 27:19).

¿Te has preguntado cómo sería un día sin tener un espejo?  Lo difícil que sería hacer nuestras actividades cotidianas sin el. Definitivamente nuestro día sería un desastre. El espejo se ha convertido en un objeto imprescindible en las actividades diarias al reflejar la luz en una imagen exacta de la realidad. Así también, gracias a esta imagen que nos devuelve, nos percatamos de nuestras imperfecciones y de todas aquellas cosas que nos desagradan y que deseamos modificar.

Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios. (1 Pedro:4:16 LBLA)

Existe un momento en nuestra vida donde nuestro mayor anhelo es acercarnos a la iglesia de Dios. Es así como elegimos dejar todo lo que el mundo nos ofrece y corrompe a la humanidad. En este proceso de transformación debemos ser conscientes de la batalla espiritual que llevamos, pues en este camino nos encontramos obstáculos como son: nuestros amigos, compañeros de trabajo, vecinos y en muchos casos también Nuestra Familia; así como todos aquellos que al no tener la misma Fe, se convierten en esa piedra de tropiezo que nos nubla nuestra fidelidad a Cristo.

He aquí Dios es salud mía; aseguraréme, y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, el cual ha sido salud para mí. (Isaías 12:2)

En  los  tiempos  que  estamos  viviendo,  existen  y  han  surgido  un  gran  número  de  símbolos  de   divinidades   o  suprema  autoridad que  representan  a  muchas  de  las  religiones  que  se  conocen,  incluyéndose  seres  vivos  o  muertos.  Pero  sólo hay un camino descrito en la escritura para llegar al verdadero Dios.  Este Dios no  basa  su  existencia  en  un  jefe  supremo  que  pueda  hallarse  entre  las  criaturas  de  la  tierra  sino  en  Dios,  cuyo  poder  se  ve  manifestado  en  toda  su  creación;  quien  no  solamente  es  capaz  de  crear,  sino  de  sostener  su  creación  también.  “Mas  Jehová  Dios  es  la  verdad;  el  es  el  Dios  vivo  y  Rey   eterno:  a  su  ira  tiembla  la  tierra,  y  las  gentes  no   pueden   sufrir  su  saña.” (Jeremías 10:10)

Y Jehová dijo á Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos; Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, á ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí. (Éxodo 19:10,11)

Después de haber pasado 50 días después que les había indicado nuestro Dios a su pueblo hacia dónde dirigirse, estaban avisados que habían de santificarse para recibir un pacto que determinaría el futuro de sus vidas. El monte Sinaí, más de un millón de testigos y junto con los ángeles de Dios anunciaría un pacto. Pacto que Dios confirmó al darles leyes para que las cumplieran, a cambio les daría una tierra donde podrían establecer y permanecer por las generaciones.

“LA  PINTURA  INCOMPLETA”

 “Volvióles, pues,  Jesús  a  decir:  De  cierto  os  digo:  Yo  soy  la  puerta  de  las  ovejas.  Todos  los  que   antes  de  mí  vinieron,  ladrones  son  y  robadores;  mas  no  los  oyeron  las  ovejas.  Yo  soy  la  puerta:  el  que  por  mí  entrare,  será  salvo;  y  entrará,  y  saldrá,  y  hallará  pastos.”    (Juan  10:7-9)

Cuentan  que  cierto  personaje,  contrató  a  un  pintor con  el  objeto   de  que  se  hiciera  una  pintura  en  la  que  se  mostrara  al  Señor  Jesucristo  a  punto  de  entrar  a  una  casa.  Cuando  el  artista  terminó  su   trabajo,  lo  presentó  al  dueño,  éste  al  examinarlo  notó  que  la  puerta  representada  en  la  pintura  no  tenía  cerrojo  o  manija  alguna  para  que  se  pudiera  abrir.  Habiéndolo  notado,  llamó  al  artista  para  reclamarle  su  error,  a  lo  que  el  pintor  contestó: