Como el agua refleja el rostro, así el corazón del hombre refleja al hombre. (Proverbios 27:19).

¿Te has preguntado cómo sería un día sin tener un espejo?  Lo difícil que sería hacer nuestras actividades cotidianas sin el. Definitivamente nuestro día sería un desastre. El espejo se ha convertido en un objeto imprescindible en las actividades diarias al reflejar la luz en una imagen exacta de la realidad. Así también, gracias a esta imagen que nos devuelve, nos percatamos de nuestras imperfecciones y de todas aquellas cosas que nos desagradan y que deseamos modificar.

<a href='https://www.freepik.com/free-photos-vectors/background'>Background photo created by freepik - www.freepik.com</a>Haciendo una analogía a nuestra vida espiritual con el uso del espejo, quien cumple en nosotros la misma función es la Ley de Dios, el nivel de luz que reflejamos es la medida de la observación de los mandamientos, nos permite conocer de nuestras imperfecciones, nuestras faltas y pecados, con el ánimo de renovarnos y de ser transformados en un nuevo hombre.

¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. (Romanos 7:7)

Cuando en nuestra vida no existe una guía que nos brinde dirección espiritual, nuestros actos y forma de vivir no serán conforme a la voluntad de Dios. Una de las funciones de la Ley de Dios es ayudarnos a discernir entre el bien y el mal, muestra el único camino que nos conduce a la verdad y a la vida. Entre mayor conocimiento de las escrituras adquirimos, trabajamos mejor la obediencia y para esto debemos hacer de la Ley de Dios nuestra aliada, nuestra consejera y nuestro tesoro más preciado. Por medio de su aplicación podremos ser hijos de Dios y seremos justificados por nuestra fe. De manera que la ley ha venido a ser nuestro guía para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. (Gálatas 3:24 NBLA)

Sin duda, la obediencia a la Ley convierte al hombre en un ser sabio y con juicio; además produce gozo y alegría en el corazón, por lo tanto, hagamos de la obediencia a Dios un estilo de vida permanente, nuestra manera de vivir. La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma: El testimonio de Jehová, fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. (Salmo 19:7-9)

Así como utilizamos los espejos para ver nuestro reflejo, llevemos en todo momento el que se puede convertir en el más preciado, que es la Ley de Dios, quien refleja nuestros aciertos y muestra lo mejor que hay en nuestro corazón, pero también manifiesta nuestras imperfecciones y la ausencia de luz en nosotros, que en otras palabras la Biblia lo llama pecado. No tengamos a la ley por enemigo, aceptemos su corrección, su consejo y la amonestación que nos ayudará a hermosear nuestro rostro.    

Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se consideró á sí mismo, y se fué, y luego se olvidó qué tal era. Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho. (Santiago 1:23-25).

Finalmente, nuestro objetivo es que cada día que consultemos el espejo (Ley de Dios) el reflejo sea más cercano “a la imagen y a semejanza de Dios”, buscar que habite en nosotros el Espíritu Santo; practicar el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza y poder. Nuestro aprendizaje se habrá cumplido cuando en nuestro rostro se refleje la perfección, acompañado siempre de una luz brillante. Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza (Génesis 1:26) Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mateo 5:48)