“De Cierto de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:5) En este verso nos marca un requisito para los que deseemos entrar en el reino de Dios, y es el nacimiento de agua. Este nacimiento tiene un tiempo específico para los que conocemos de la palabra de Dios y para los que conocerán de ella. Este nacimiento no es el único requisito, tenemos más y el nacimiento de espíritu también hay que comprenderlo para poder acceder a el, pero de este otro tema se escribe en otro artículo.

“Y aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel suspiraron a causa de la servidumbre, y clamaron: y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y reconociólos Dios” (Éxodo 2:23-25).

Mucho se ha escrito y se ha predicado referente al pueblo elegido de Dios, pero muchas veces no se han puesto bases bíblicas para saber cuál es este pueblo. El hecho de que una iglesia, cualquiera que sea, diga que es el pueblo de Dios, sin más demostración que la que su fundador y ministros enseñan, no es una razón convincente; es más bien, una pretensión que puede estar equivocada.

Escrito por: Min. Santiago Montiel

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 14:26)

Sabiendo nuestro señor Jesucristo que pronto iba a dejar a sus discípulos, los consoló prometiéndoles el Espíritu Santo, por lo que les dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14:16-17). 

El Único Hijo engandrado de Dios

Jesucristo antes de su manifestación en carne ya existía, en él se manifestaron dos naturalezas: la espiritual y la material. Es un punto doctrinal fundamental y básico para nuestra fe. Ya que todo está relacionado con Jesucristo, y Él es el único que pertenece a la eternidad, a lo angélico y terreno. Así como el Apóstol Pablo lo considera como la piedra fundamental para la edificación de la iglesia (Efesios 2:20-21), también lo es de todo el universo (Salmos 118:22).