“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 14:26)

Sabiendo nuestro señor Jesucristo que pronto iba a dejar a sus discípulos, los consoló prometiéndoles el Espíritu Santo, por lo que les dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14:16-17). 

El Único Hijo engandrado de Dios

Jesucristo antes de su manifestación en carne ya existía, en él se manifestaron dos naturalezas: la espiritual y la material. Es un punto doctrinal fundamental y básico para nuestra fe. Ya que todo está relacionado con Jesucristo, y Él es el único que pertenece a la eternidad, a lo angélico y terreno. Así como el Apóstol Pablo lo considera como la piedra fundamental para la edificación de la iglesia (Efesios 2:20-21), también lo es de todo el universo (Salmos 118:22).

Las gentes consideran que Dios no puede ser malo y que por ser bueno tendrá misericordia de ellos, porque un Dios que es todo amor, no puede quemar con fuego, ni puede ser un Dios destructivo.

Esta forma de pensar ha llevado a muchos en vivir inadecuadamente, pensando que pueden llevar una vida de placeres y sin normas, regidos por sus ideas y filosofías, sin consecuencias; satisfaciendo sus vanidades para que al final de su vida busquen a Dios y con un “arrepentimiento final” obtengan el perdón. Así interpretan el amor de Dios.

A esta pregunta nos gustaría hacer una diferencia clara, una es la idea o concepción de Dios y esta es personal, podría cambiar de una persona o cultura a otra; y otra muy diferente la de Dios mismo, como se presenta Él mismo al mundo por medio de la Biblia, desde la creación hasta nuestros días.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos” (Hechos 17:24)