: “Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8)

El apóstol Pablo dice: “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho subdito a la ley” (Gálatas 4:4). Al hablar de “el cumplimiento del tiempo se refiere a todo aquello que escribieron los profetas con relación a Cristo, comenzando por su nacimiento en Beth-lehem, de una virgen, porque se tenía que cumplir en él lo que estaba escrito por Isaías que dijo: “…He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel” (Isaías 7:14).

Por el versículo anterior creemos que Cristo nació de una virgen y que esto fue obra del Espíritu Santo, ningún otro ser ha sido concebido en la forma en que lo fue Jesús (Mateo 1:20, 23). La Sagrada Escritura dice que sería llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). Se llamaría Emmanuel que significa Dios con nosotros (Mateo 1:23). Nuestro Señor Jesucristo vino a cumplir el plan de salvación previsto desde antes de la fundación del mundo (Juan 1:11; Mateo 10:6; Hechos 4:12; 13:46; Juan 3:16); Cristo es el Cordero que fue muerto desde el principio (Apocalipsis 13:8; Juan 1:29); llevado al matadero, sin abrir su boca, “derramó su vida hasta la muerte por todos nosotros”; cordero tipificado en la Pascua (Exodo 12:1; 1a Corintios 5:7; Isaías 53: 1-7; 1a Pedro 2:21-24).

Daniel el profeta escribe el tiempo y momento en que Cristo vendría para ofrecerse en sacrificio, esto nos lo muestra por medio de la profecía de las Setenta Semanas en que se presentaría el Mesías (Daniel 9:25-27).

Por su parte el profeta Isaías dice de él: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Nos enseña las cualidades que tendría Cristo al dejar la gloria que tenía al estar cerca de su Padre.

Al dejar la gloria con la que estaba revestido, con ello nos demuestra su sujeción al Padre, pues fue obediente hasta la muerte. El apóstol Pablo confirma lo anterior al decirnos:

 “El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios, sin embargo se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). Al tomar forma de hombre, con sentimientos y necesidades propias del ser humano, en esa condición se humilló y llevó nuestras flaquezas. Por ello, no debemos despreciar este inmenso sacrificio, por el contrario valorarlo y cumplir con lo que Dios nos ha ordenado.

Después de esto Cristo retornó al Padre y recobró lo que Dios le había dado cuando le dice: “Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).

Todo lo que hemos visto en esta sección se cumplió en el Señor Jesús, pues él mismo expresó: “Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos” (Lucas 24:44). Así, amados hermanos, por la misericordia de Dios es que estamos dentro de su doctrina. Por tanto, debemos aprovechar aprendiendo más acerca de Él en las Sagradas Escrituras, que nos llevarán a la salvación, el Maestro dijo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

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