“ Instruye  al  niño  en  su  carrera:  aun  cuando  fuere  viejo  no  se  apartará  de  ella. ”                                                                  (Proverbios  22:6)

En  el  antiguo  testamento  encontramos  que  la  educación  del  joven  era  en  el  conocimiento de Dios,  con  el  fin   de  que  los hijos  de  Israel temieran  a  Jehová  y  vivieran  largos  días  sobre  la tierra; porque  en  la  observancia  de  las  leyes  de  Dios está la  largura  de  días.

“…Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros. Por manera que si un miembro padece, todos los miembros a una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros a una se gozan. Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.”

(1ª. Corintios 12: 12-27).

“ Y oró Eliseo, y dijo: ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”

(2º. de Reyes 6:17)

Nosotros, la criatura humana, tenemos ante nuestros ojos un mundo de flores, un cielo lleno de estrellas, puestas de sol hermosas, y mil objetos o fenómenos de la naturaleza; pero ¿nos hemos interesado por descubrir a su creador o autor? Es triste ver que perdemos la capacidad de asombro, confirmamos nuestra condición cuando leemos la Palabra de Dios con un velo sobre el corazón, con los ojos del entendimiento cegados, que no nos permiten ver el gran valor que Dios le dio.

En la Biblia se representa al Espíritu Santo como el agua que desciende sobre la tierra para que ésta germine y de sus frutos; por lo que dice Dios por medio de sus profetas: “Vosotros también hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová nuestro vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.” (Joel 2:23). Y esta es la promesa que se confirmó en el día de Pentecostés, cuando el poder de lo alto descendió sobre los Apóstoles haciendo de ellos unos verdaderos testigos de Cristo, obrando en éstos una transformación tal, que el Apóstol Pedro que negó tres veces a su Maestro en el día de su crucifixión, y días después del Pentecostés él mismo manifestaba que era menester obedecer a Dios antes que a los hombres ( Hechos 5 :29).

Me siento avergonzado, porque el día de hoy me di cuenta que abandoné la imagen del que me crió, mis ropajes naturales, donde mi cuerpo era puro y sin corrupción, tenía pensamientos libres... libres del conocimiento humano, de la necedad de mi mente de querer saber más allá de lo que se me permitió ver, que en apariencia sentía haber estado limitado a un conocimiento nuevo, saber la diferencia entre el bien y el mal y ser mejor de lo que ya era, pensando que podía perfeccionarme por mí mismo; pero entre más libre me sentía, mis ojos se vieron limitados, me avergoncé y me tapé, porque sabía que Mi Guía me observaba y lo había decepcionado. No acaté una simple ordenanza que a cualquiera le hubiera sido fácil atender. Mi vergüenza me persigue porque he abandonado la imagen del que me formó, pude ser perfecto y tener la sabiduría que ejercería con poder para transformar mi entorno, gozar de los frutos que para mí habían sido creados, los cuales no tenían mancha, eran puros así como mi alma que estaba blanca como la nieve.