¿Y por qué no? Si hay termómetros, vóltmetros, amperímetros, etc., porque no hacer un fidesímetro. Tal vez se pregunte ¿Qué sería eso?, es fácil, por ejemplo, si la palabra termómetro proviene del griego thermee: calor, y metron: medida, resulta obvio que éste es un aparato que mide la temperatura. Así que su nombre lo indica fides: fe y metron: medida, es decir que un fidesímetro serviría para medir la fe.

Y sabemos que los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. Romanos 8:28

Hace mucho tiempo, en un reino distante, un monarca no creía en la bondad de Dios. Tenía sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad. En todas las situaciones decía: Rey mío, no se desanime, porque ¡Todo lo que Dios hace es perfecto! Dios nunca se equivoca!.

Los aplausos me hicieron salir de mis profundas cavilaciones. Ahí estaba yo, formando parte de un auditorio compuesto principalmente por mujeres que deseábamos escuchar a Tina, y decididas a hacer cambios importantes en nuestras vidas.

Tina dedicaba parte de su tiempo a ayudar a mujeres emprendedoras que desearan desarrollar negocios, ya sea en internet o no, mostrándoles el camino más fácil y que realmente consiguieran resultados en poco tiempo. Decía que el camino arduo ella ya lo había recorrido por nosotras, y su conferencia versaba sobre cómo lograr buenos resultados en lo que deseáramos emprender.

¿Para qué esforzarse si el destino del hombre ya ha sido anunciado y predestinado antes de la fundación del mundo? ¿Para qué amar si todo se ha vuelto oscuro y cruel contra uno mismo y los que nos rodean? Las esperanzas son para gente fuera de este mundo, la fe que uno pueda tener en el hombre tiene un breve aliento de vida, somos decepcionados y traicionados por los que en un tiempo confiamos.  

El bien y el mal nos ha sido presentados como una elección de cada día, limitándose sólo a dos opciones: hacer el bien o hacer el mal. Cada momento en el que respiramos y tratamos de entender nuestra existencia, hemos conocido los errores de nuestro semejante desde el inicio de los tiempos, siempre inclinándose al mal y al perecer de esta tierra.  

Miguel de Cervantes, amaba las Sagradas Escrituras y las tenía en alta estima. En el prólogo de la primera parte de El Quijote, Cervantes se refiere a la Biblia llamándola Divina Escritura.

Una prueba contundente es el poema que aparece en sus Comedias, titulada El Rufián Dichoso, en el cual exalta el Salterio davídico: