¿Para qué esforzarse si el destino del hombre ya ha sido anunciado y predestinado antes de la fundación del mundo? ¿Para qué amar si todo se ha vuelto oscuro y cruel contra uno mismo y los que nos rodean? Las esperanzas son para gente fuera de este mundo, la fe que uno pueda tener en el hombre tiene un breve aliento de vida, somos decepcionados y traicionados por los que en un tiempo confiamos.  

El bien y el mal nos ha sido presentados como una elección de cada día, limitándose sólo a dos opciones: hacer el bien o hacer el mal. Cada momento en el que respiramos y tratamos de entender nuestra existencia, hemos conocido los errores de nuestro semejante desde el inicio de los tiempos, siempre inclinándose al mal y al perecer de esta tierra.  

Miguel de Cervantes, amaba las Sagradas Escrituras y las tenía en alta estima. En el prólogo de la primera parte de El Quijote, Cervantes se refiere a la Biblia llamándola Divina Escritura.

Una prueba contundente es el poema que aparece en sus Comedias, titulada El Rufián Dichoso, en el cual exalta el Salterio davídico:

Del proceso que la Inquisición llevó contra fray Luis, han trascendido hasta hoy algunas frases de los cargos que se le imputaban:

“En la ciudad de Salamanca a diez y siete días del mes de diciembre de mil e quinientos e setenta e un años, ante el muy magnífico e muy Rdo. señor maestro Francisco Sancho, comisario deste Santo Oficio... paresció siendo llamado el muy reverendo padre fray Bartolomé de Medina, maestro en santa theologia, en la Universidad de Salamanca... y entre las cosas que testificó en su dicho, dijo e declaró contra el maestro fray Luis de León lo siguiente... Item declaró que sabe anda en lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, compuesto por el muy Rdo. padre maestro fray Luis de León, porque lo ha leído este declarante. Item declaró que en esta Universidad algunos maestros, señaladamente Grajal y Martínez, y fray Luis de León, en sus paresceres y disputas quitan alguna autoridad a la edición de la Vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades...”

Quiero mirar tus ojos en esa persona que anhela que la vea,
tus manos en las mías cuando puedo extenderlas,
tus brazos rodeándome, consuelo en la tristeza, amor eterno, blanca luz, nívea;
quiero ver tus pisadas, mapa, guía, perla.
 
Quiero oír tu voz en mi mente haciéndome recordar,
quiero sentir tu fuego y tu nube sobre mi cabeza,
sé que no estoy sola donde voy aunque pise sin mirar,
sé que estás ahí aunque desesperan las horas con dureza.

Mar, barco, tempestad y calma,
amor eterno: mi Señor, Dios de Abraham, Isaac y Jacob,
refugio de mi alma.

Por: Luna Cristal

Fray Luis de León, hombre de Dios      

Como si nunca se hubiera alejado de las aulas de la Universidad de Salamanca, cuando Fray Luis de León salió de un injusto periodo de cinco años en prisión en la cárcel de Valladolid,  retomó su cátedra, y se dice que la reinició con un: Dicebamus hesterna die (“Decíamos ayer…”) y siguió su exposición sin enojo o deseos de venganza contra sus detractores: los cofraternos de la orden agustina que lo habían delatado ante la inquisición española por el supuesto de traducir “sin permiso” el Cantar de los Cantares de Salomón, ya que existen datos de que su prima, la monja Isabel Osorio, se lo había solicitado explícitamente.