El pertenecer al pueblo de Dios implica un estudio y conocimiento de quién es el pueblo de Dios o su iglesia; la congregación que ha caminado desde la creación hasta nuestros días, y que son hijos que han buscado siempre hacer su voluntad. El sentido de pertenencia siempre nos va dar una identidad, conforme a las costumbres, ideas y pensamientos que existan en una determinada cultura o sociedad. Nuestro Dios a través de la creación, nos narra que fuimos creados a su imagen y semejanza (Génesis 1:26,27), teniendo virtudes y dones que servirían para administrar correctamente esta tierra y convivir con nuestro prójimo.

El crecimiento de una nueva criatura no solo se refleja en edad, sino también en virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, temor de Dios y amor fraternal. (2 Pedro 1:5-8). Creciendo de tal manera alcanzaremos mayor productividad y utilidad en el servicio de Jesucristo.

2ª CORINTIOS 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Estas maravillosas palabras del apóstol Pablo son la invitación para hacer posible uno de los anhelos más grandes de los seres humanos, obtener una nueva vida.

¿Cuántos años crees que necesitamos como humanidad para no cometer los mismos errores? Puedes ver que nuestra naturaleza es errar del camino una o varias veces, pareciera como si cada generación tuviera que comprobar por ella misma que lo que hicieron nuestros antepasados realmente fue malo. Y ahí en toda esa historia ha estado Dios, paciente para que todos entendamos que sus caminos son los que nos llevan a la salvación.

Con todos estos errores, Dios que es grande en Misericordia y con su infinito amor, perdona las acciones que tanto como su pueblo como la humanidad ha cometido. El pueblo de Israel es la muestra de cómo a pesar de sus pecados e idolatría, Dios extendía sus manos para que pudieran tener una nueva oportunidad, oportunidad única de hacer las cosas conforme a su voluntad.

Deja atrás las tinieblas, la oscuridad de este mundo por medio de Jesús, el propósito del hijo de Dios para la humanidad es dar luz, aquel alivio que necesita ante tanta maldad, Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12. 

Para tener a Jesús en tu vida se requiere quitar todos aquellos escondrijos de vergüenza, esas acciones que reprende la conciencia como el robar, mentir, la violencia para que, en consecuencia; habite luz en tu vida y así resplandezca la lumbrera del evangelio de la gloria de Cristo. 2 Corintios 4:1-9.