Muchas iglesias conocen las fiestas de Dios como Pascua, Pentecostés y Cabañas, sea la denominación que sea las razones que tienen para no observar estas solemnidades, es que las consideran un rito que quedó enclavado en la cruz. La fiesta de Cabañas dicen que es una fiesta judía y solo es para ellos festejarla. Uno de los argumentos que se escuchan es que Dios mismo descartó las solemnidades por lo que mencionan los profetas Amós, Oseas e Isaías. Además de encontrar en el libro de Nehemías que en apariencia se suspende esta fiesta de cabañas por algún tiempo.

La Biblia nos enseña que Dios quiere que aprovechemos sus fiestas, cada una con un propósito especial para sus hijos. Tres veces en el año parecerá todo varón tuyo delante del Señor Jehová. Éxodo 23:17. Las tres solemnidades a las que se refiere según la escritura (Deuteronomio 16:16) son: Pascua, Pentecostés y Cabañas. Como ya mencionamos las dos primeras son conocidas por muchos, la última se ha dejado olvidada sin tomar en consideración que Dios la ha hecho perpetua para beneficio de la humanidad.

Dios tiene características especiales y únicas y una de ellas que siempre hay que recordar es la inmutabilidad, Dios no cambia de parecer como nosotros, algo que ha sido creado por Él, es perfecto y eterno. “Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta...”, Números 23:19. Una fiesta que estableció para su pueblo desde el año 1941 a.E.C. es una fiesta que continúa teniendo los mismos pasos para llevarla a cabo, dejando un poco de lado la parte literal, hay que analizar si en nuestros días es necesario que celebremos esta fiesta.

El Pueblo de Dios dejaba de lado el propósito de las fiestas.

En algún tiempo el pueblo de Dios estaba olvidando su verdadero propósito, se encargaba más de satisfacer sus necesidades carnales que las espirituales, estos intereses sobrepasaron los planes de Dios, que era que ellos por medio de las solemnidades pudieran ser mejores, olvidando en los tiempos marcados, que podían por sí mismos lograr planes y objetivos; dejando de lado que por obligación obedecían los mandamientos. En el año 787 a.E.C. profetiza Amós por la desobediencia del pueblo y le anuncia: “Oid y protestad en la casa de Jacob, ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Que el día que visitaré las rebeliones de Israel sobre él, visitaré también sobre los altares de Beth-el; y serán cortados los cuernos del altar, y caerán á tierra”. Amós 3:13, 14

¿Habéisme ofrecido sacrificios y presentes en el desierto en cuarenta años, casa de Israel? Mas llevabais el tabernáculo de vuestro Moloch y Chiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis. Hareos pues trasportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos. Amós 5:25-27

Así que el profeta nos ayuda a entender un poco lo que estaba viviendo el pueblo, entregando su corazón a dioses ajenos y perdiendo el sentido a las solemnidades que les había enseñado. Hay una consecuencia en sus acciones, ellos mismos habían atraído que el resto de los pueblos los contaminaran con su forma de llevar a Dios holocaustos “Y tornaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en endechas; y haré poner saco sobre todos lomos, y peladura sobre toda cabeza; y tornaréla como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo”. Amós 8:10

Dos años después el profeta Oseas también se los anuncia para que pudieran arrepentirse y dejar el mal camino por el que estaban caminando. “Pon á tu boca trompeta. Vendrá como águila contra la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley”. Oseas 8:1 “Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí. Oseas 6:6,7 

Olvidaron lo que era para su propio crecimiento, aplicar la misericordia con la que Dios los había traído desde tierras lejanas para habitar una tierra especialmente para ellos, no había otra cosa que tuvieran que consultar sino la ley de Dios, para recordar en su mente el por qué y para qué hacían todo lo que les mandaba. Así que la propia interpretación del pueblo de las fiestas aparece notablemente, ofrecían los holocaustos no como Dios los pedía, sino como ellos creían que eran necesarios. 

Uno mismo desprecia las cosas que no son adecuadas para nosotros; así Dios despreció los vanos esfuerzos por disfrutar lo que ellos habían preparado no para Dios, sino para ellos mismos, porque pensaban que podían tener su propia versión de las fiestas, se creyeron perfectos, sin mancha y sin necesidad de Dios.

Temían á Jehová, y honraban á sus dioses, según la costumbre de las gentes de donde habían sido trasladados. Hasta hoy hacen como primero; que ni temen á Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová á los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel... 2o. Reyes 17:33,34

Que triste leer las acciones de un pueblo que si creía en Dios, pero también adoraba a otros dioses, comenzando a transferir las costumbres del mundo, no les basto las fiestas perfectas de Dios. Por eso el profeta Isaías las llama “Sus fiestas” (Isaías 1:11-14). Sus costumbres porque alejadas de las que Dios les había enseñado estaban, complicada situación para un pueblo que tenía sus propias fiestas y costumbres, mandamientos, estatutos y leyes. Y así vemos como en la historia de la humanidad y las culturas de las diferentes naciones, hay mezclas de tradiciones y fiestas perdiendo así la esencia de un buen motivo por las que nacieron. Claro que las fiestas de Dios no tienen comparación, son únicas y especiales, pero tristemente las hemos menospreciado, creyendo que ya no son para nosotros.

El castigo por hacer su propia voluntad y no la de Dios.

El castigo que reciben por alejar sus corazones del Todopoderoso fue la cautividad, en Asiria (división del reino en norte y sur) y en Babilonia desde el año 606 hasta el 536 a.E.C. Al terminar el castigo en este último año, Esdras 11:4 nos dice que los hijos de Israel celebran nuevamente la fiesta de Cabañas, restablecieron los sacrificios y holocaustos, en aquellas tierras ajenas no habían podido sacrificar adecuadamente a Dios. Si Dios hubiera deshechado sus fiestas, sería ésta parte de la historia un buen momento, ya que no había razón para continuarlas, y nuestro Señor Jesucristo tampoco habría celebrado la fiesta de los Tabernáculos (cabañas).

Jesucristo guardo y predico en Cabañas.

Juan capítulo 7 nos dice: Versículo 2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos. Ver. 10 Más como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió á la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto. Ver. 14-16 Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido? Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió. Ver. 37 y 38 Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre.

Porque el propósito de la fiesta lo seguimos necesitando, necesitamos creer que solo en Dios tenemos salvación, que Él es quien nos sustenta y nos da todo lo necesario para vivir, así como el agradecimiento continuo por todo lo que tenemos, no hay una palabra más permanente y perfecta que la del Dios de salvación. Así que necesitamos de esa doctrina que Cristo nos enseñó y recordó constantemente, porque sedientos estamos de verdad y de justicia, necesitamos ver que se levante en el día postrero, cuando venga por segunda vez, ese Rey de Gloria y establezca su reino en la tierra, limpiando toda lágrima por nuestros sufrimientos, por que la caridad de muchos se ha resfriado y ha sido contaminada con la corrupción de los corazones de los hijos de maldad.

Quiera Dios que siempre veamos nuestra necesidad de celebrar las fiestas que nos pide, para que seamos perfeccionados con ellas, ayudemos también a otros en alcanzar sus propósitos con Dios y juntos podamos llegar a la tierra por heredad.