" Mas el fruto del Espíritu es: Caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: Contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros. " (Gálatas 5: 22-26)

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios.

Romanos 7:22

¿Te has dado cuenta de las dos naturalezas que tenemos y cómo se manifiestan? Debemos conocer y controlar cada una de ellas para poderlas dominar, y no que ellas nos dominen a nosotros. La Biblia nos enseña que nuestra lucha interior viene del conocimiento del pecado, cuando conozco que puede haber pecado en mí, entonces necesito algo que ponga freno a mi mal actuar, porque si sigo actuando de la misma forma me puedo afectar a mí y a los que me rodean.

“Y acuérdate de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento”.

Eclesiastés 12:1-8

El lenguaje de esta porción bíblica nos describe de una manera hermosa la forma en que la juventud va dejando su belleza, su vigor, su vida. Dios siempre nos advierte por medio de su Palabra las consecuencias de no aprovechar los años que nos da de fortaleza. Muchos de nosotros hemos oído consejos de adultos que nos dicen que no desperdiciemos nuestra vida, lamentablemente pocos somos los que escuchamos el consejo, no prevemos el futuro, cuando ya no tengamos fuerza y nuestro cuerpo se deteriore... Ojalá fuéramos más sabios a temprana edad, para que de adultos no digamos “si hubiera hecho” o “no hubiera desperdiciado tiempo”.