Nuestro Espíritu necesita alimento

Cuando pensamos en lo que diariamente tomamos por medio de nuestros sentidos, cuántas de esas cosas alimentan nuestro espíritu. Hoy en día ponemos atención a la alimentación y salud física. También está la información que abunda sobre el cuidado del alma, las emociones y los pensamientos. Pero ¿Conocemos qué es lo que necesita nuestro espíritu?

Nuestro Espíritu necesita alimento

Primero hay que saber que si nuestras emociones y pensamientos se familiarizan con el alma. Entonces qué corresponde a nuestro Espíritu. Y es que podemos confundirnos con estos conceptos. Pero esa confusión también es el reflejo de lo poco que conocemos sus necesidades, que hoy por el abandono de las cosas espirituales, nuestro ser se aflige y enferma. Hoy existe mucha información y áreas de la ciencia que se ocupan en darle forma y explicación a estas necesidad, pero quién más para enseñarnos de nuestro espíritu, sino el Padre de Espíritus que es Dios.

Tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Hebreos 12:9

Nuestro Espíritu viniendo de Dios, debemos pensar que Él nos creó en todo lo que somos, tanto lo material como lo metafísico. En esa creación nos concibió con todo lo mejor de Él. Porque lo que es concebido por Dios, es amor. Así que nosotros en lo profundo de nuestro ser, está escrito esta virtud de Dios, que se puede conectar con lo que pensamos y sentimos, pero que va más allá de todo entendimiento humano. 

Es como querer comprender el amor natural que tienen los padres hacia los hijos. O el deseo de poder ayudar a los demás en sus necesidades. La búsqueda de paz y la conexión que tenemos hacia la naturaleza. Aún que no te gusten los niños, o prefieras estar en otro lugar fuera de la naturaleza, eso está escrito en nosotros, tal vez no lo has descubierto, pero nos hemos alejado de todas estás cosas, por lo que este mundo nos ha dejado.

Es como si fueran heridas que no sanan, que hemos tratado de suplir con las cuestiones materiales o los afanes de esta vida. Pero en la naturaleza del hombre, demandan la necesidad de poder experimentar ese amor de Dios.

El amor, un alimento espiritual

7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:7

El amor va más allá de lo que puedas entregar con tu cuerpo físico, no podemos limitar a esto el amor de Dios. Lo podemos experimentar primero teniendo pensamientos de amor, pensar que somos eso, y que lo podemos compartir a los demás sin ninguna condición.

Ahora podemos pensar en las obras que hizo Jesús cuando estuvo en su servicio al mundo. Sus prácticas y pensamientos fueron uno con su Padre Celestial, compartir del amor de Dios a la humanidad. Así fue desde el principio y la necesidad principal en nuestros días. El alimento espiritual más grande, es ser uno con Dios, en pensamiento y acción. 

17 Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. 18 Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre. Juan 10:17,18

Dar la Vida por los demás es el alimento espiritual que practicó Jesús, y que ese conocimiento nos da para que logremos nuestra sanidad y bienestar interior. Así que tomemos nuestro alimento espiritual y practiquemos las cosas que dejó Jesús para que sigamos su ejemplo.

¿Cómo puedo discernir la voluntad de Dios para mi vida?

En el viaje de descubrimiento hacia esta pregunta no estaremos exentos de desafíos, pero la recompensa es inigualable: la plenitud de una vida alineada con el propósito divino, la paz interior que brota de la certeza de estar en el camino correcto y la profunda conexión con el Creador del universo.

Este recorrido, será nuestra brújula. En sus páginas de sabiduría divina de la biblia, esta nos brinda las herramientas necesarias para descifrar el enigma de la voluntad de Dios y tomar decisiones acertadas que nos conduzcan hacia la realización personal y espiritual.

1. Dialogando con el Creador:

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. Purifiquen sus manos, pecadores, y purifiquen sus corazones.”

(Santiago 4:8)

Establecer una conexión profunda con Dios es la base fundamental para discernir Su voluntad. La oración y la lectura de la Biblia son herramientas esenciales para cultivar esta relación. A través de la oración, abres tu corazón a Dios, expresas tus deseos y preocupaciones, y buscas su guía y dirección. La Biblia, te brinda la sabiduría divina para comprender sus planes y propósitos para tu vida.

2. Percibiendo la voz suave de Dios:

 “Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.”

(1 Juan 4:1)

El Espíritu Santo es nuestro guía y consolador. Él nos habla a través de nuestra conciencia, nuestros pensamientos y sentimientos, y a través de las circunstancias que vivimos. Para discernir Su voz, debemos cultivar una actitud de quietud y receptividad, buscando la paz interior y la claridad mental. Es importante discernir la voz del Espíritu Santo de las voces del mundo, que pueden tentarnos a alejarnos del camino correcto.

3. Caminando en obediencia:

“Confía en Jehová de todo corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento; Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

(Proverbios 3:5-6)

Discernir la voluntad de Dios no solo implica conocerla, sino también actuar en consecuencia. La obediencia es la expresión genuina de nuestra fe y confianza en Dios. Cuando obedecemos Su voluntad, experimentamos Su paz y protección, y nos movemos hacia el cumplimiento de nuestro propósito en la vida.

Discernir la voluntad de Dios es un proceso continuo que requiere paciencia, persistencia y una disposición a seguir su guía. No tengas miedo de cometer errores en el camino; lo importante es aprender de ellos, levantarte y seguir adelante con un corazón humilde y sincero. ¡Confía en que Dios siempre te estará guiando hacia el mejor camino para tu vida!.

¿Cómo puedo fortalecer mi fe en Dios?

La fe no es un mero sentimiento pasajero, sino una fuerza poderosa que moldea el carácter de cada uno de nosotros, este nos impulsa hacia el bien y nos brinda la serenidad para enfrentar las adversidades. Es como un faro que ilumina nuestro sendero, un ancla que nos mantiene firmes en medio de las tormentas de la vida.

Acompáñanos en este viaje inspirador y transformador, donde juntos exploremos los misterios de la fe, descubriremos el poder transformador de la oración y reafirmaremos nuestra confianza en el plan perfecto de Dios para nuestras vidas.

1.Sumergiéndote en la sabiduría divina: 

“Presta atención a mis palabras, inclina tu oído a mis consejos. No se aparten de tus ojos; guárdalos en lo profundo de tu corazón, pues son vida para los que los encuentran y salud para todo su cuerpo.”

(Proverbios 4:20-22)

La Biblia es la fuente inagotable de sabiduría y guía de Dios. Al sumergirte en sus páginas, alimentas tu alma con la verdad divina, fortaleciendo así los cimientos de tu fe. La Palabra de Dios te ilumina el camino, te consuela en momentos difíciles y te brinda la fuerza para enfrentar cualquier desafío.

2. Estableciendo un diálogo con el Creador:

“Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”

(Mateo 6:5-15)

La oración es la conversación íntima con Dios, un espacio sagrado donde puedes expresar tus anhelos, agradecer sus bendiciones y buscar su guía. Es en la oración donde fortaleces tu relación personal con el Creador, abriendo tu corazón a Su presencia y escuchando Su voz amorosa.

3. Abrazando la fe en los momentos desafiantes:

“Y sabemos que en todas las cosas Dios obra para el bien de quienes lo aman, esto es, de quienes han sido llamados según su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó para ser hechos a semejanza de su Hijo, primogénito entre muchos hermanos.”

(Romanos 8:28-29)

La fe no te libra de las dificultades, pero sí te da la fortaleza para enfrentarlas con esperanza y confianza. Recuerda que Dios tiene un plan perfecto para tu vida, incluso en medio de las tormentas. Cree en Su amor inagotable y Su poder para transformar cualquier situación en una oportunidad para crecer y acercarte a Él.

Fortalecer tu fe en Dios es un camino continuo de aprendizaje, crecimiento y transformación. No te desanimes si experimentas momentos de duda o flaqueza. La clave está en perseverar en la búsqueda de Dios, alimentando tu fe con Su Palabra, cultivando una relación personal con Él a través de la oración y confiando siempre en Su plan perfecto para tu vida.

Tiempo de ser Empáticos

Querido lector, sean todos bienvenidos a una nueva reflexión, donde a través de las escrituras podemos comprender y razonar cómo debemos dirigirnos hacia las demás personas que están en nuestro entorno. Hay situaciones en las cuales se nos presenta la oportunidad de hacer algo más por el prójimo, por nuestra familia, pero la carne nos gana, los pensamientos, la flojera, el desinterés, el postergar acciones con un “lo hago después” o incluso decir “alguien más lo hará por mí”. En lugar de practicar LA EMPATÍA, ponemos en marcha el ser apáticos. Hoy trataremos este tema y qué es lo que nos beneficia más.

¿Pero qué es la empatía?

Es la capacidad de comprender y sentir las emociones que otra persona experimenta, como se dice comúnmente, ponerse en los zapatos del otro.

¿Y qué es la apatía? Es un desinterés total, tener descuido, empezando por la misma persona y todo a su alrededor (desidia).

También se comprende que hay varios tipos de empatía, y estos son:

  • Cognitiva: ponerse en el lugar de otro y comunicarnos de manera efectiva.
  • Emocional: el poder sentir en una conexión instantánea lo que el otro siente (puede inclusive ser sin emitir una sola palabra), preocupación o solidaridad total.

Esto lo podemos ver a través de la palabra de Dios en Juan 17:21. Esta cita nos menciona que Nuestro Señor Jesucristo, en su oración, pedía que todos fuéramos una cosa, un cuerpo, como Él lo era con Nuestro Padre y todos juntos con ellos una sola cosa.

1ª Pedro 3:8 nos exhorta a ser de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde, es decir, “amigables”.

Hebreos 2:18 nos recuerda que, pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los demás.

Mateo 18:27 nos enseña sobre la compasión del Señor hacia su siervo, al soltarlo y perdonarle la deuda.

Y nosotros, ¿cómo actuamos cuando tenemos una deuda con nuestro prójimo o cuando nos deben? ¿Aplicamos de la misma forma la empatía o nos gana la carne y somos apáticos para poder comprender e inclusive llegar a perdonar la deuda, la ofensa, los insultos? Recordemos que Cristo fue tentado en todo, como nosotros, pero sin pecado.

¿Qué pretextos usamos comúnmente para volvernos apáticos? En Mateo 5:7 se nos dice: “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia”. Ser misericordiosos implica ser compasivos, amables, de buen corazón. Ser bienaventurados implica ser bendecidos, tener gozo, felicidad, vivir en Dios.

Mas si no hacemos esto o las cosas que Dios nos demanda hacer con nuestro prójimo, hay advertencias y enseñanzas en su palabra que podemos ver en Deuteronomio 28:47-48, donde se nos menciona que, por cuanto no servimos a Jehová nuestro Dios con alegría y con gozo de corazón por la abundancia de todas las cosas, serviremos a nuestros enemigos. Sabemos que así como hay bendiciones, también hay consecuencias al no llevar a cabo la misericordia, la empatía que Dios nos pide.

¿Y nos preguntamos por qué nuestra vida no prospera? Para leer o complementar podemos leer Ezequiel 16:49. Y en Miqueas 6:8 se nos dice que Él nos ha declarado lo que es bueno y lo que pide de nosotros: practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con Dios.

No cerremos nuestra mano, nuestro corazón. Proverbios 11:25 nos enseña que el alma generosa será prosperada, y el que sacie a otros, también él será saciado.

¿Qué sembramos? ¿Qué cosechamos? ¿Cómo reflejamos el agradecimiento hacia Dios? 1ª de Pedro 3:14-17, Romanos 12:15, Proverbios 4:26, 1ª Corintios 10:31.

Actividades que podemos realizar para practicar la empatía y honrar el nombre de Dios:

  1. Apartar tiempo para Dios, tiempo de calidad y no el tiempo que nos sobra.
  2. Alabar a Dios en su santidad, imitar su carácter perfecto, sabiduría y magnificencia.
  3. Siempre ser agradecidos con Dios, con nuestros hechos, reconociendo que siempre lo vamos a necesitar.
  4. Confiar en Dios.
  5. Tratar a los demás con dignidad.
  6. Ser generosos, EMPÁTICOS.
  7. Poner al servicio nuestros dones y talentos.
  8. Cuidar nuestro cuerpo con respeto, pues fuimos hechos a imagen y semejanza de Nuestro Dios.
  9. Que nuestra voluntad siempre esté dirigida por Dios.
  10. Honrar a Dios en todo momento y a su hijo amado.

Busquemos siempre glorificar el nombre de Dios, porque si no lo sentimos, lo pensamos o lo hablamos, al practicar la empatía, no lo hagamos. Así no seremos avergonzados delante primero de Dios y después de las personas.

¿Cómo puedo tener la seguridad de la salvación?

Se oye un llamado de auxilio y alguien lo escucha, al ver la necesidad de esa persona que se encuentra en peligro de muerte, acude en su rescate. Una vida se ha salvado. Es así como Jesús acude a la humanidad, a veces sin saberlo nos encontramos al borde de la muerte. No necesariamente es física, pero por dentro muchos experimentamos esa ausencia de vida por los problemas que hay en el mundo. La salvación que ofrece Jesús nos ofrece ambas, el poder una vida con propósito y la esperanza de Vida eterna. Así que nos salva de una muerte eterna y espiritual.

La seguridad de la salvación es un tema fundamental. Es la certeza de que, habiendo puesto nuestra fe en Jesucristo, somos salvos y permaneceremos salvos para siempre. Esta seguridad no se basa en nuestras propias obras o méritos, sino en la gracia y la misericordia de Dios.

1. La salvación por fe en Jesucristo:

La base de la seguridad de la salvación se encuentra en la fe en Jesucristo. La Biblia nos enseña que la salvación no se obtiene por nuestras propias obras o méritos, sino por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo (Efesios 2:8-9). Jesús murió en la cruz para pagar por nuestros pecados y resucitó al tercer día para vencer la muerte y darnos vida eterna (1 Corintios 15:3-27). Cuando ponemos nuestra fe en Jesús, reconocemos que Él es nuestro Salvador y confiamos en su sacrificio para limpiarnos de nuestros pecados y reconciliarnos con Dios.

2. El testimonio del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo, que Dios nos da como regalo cuando creemos en Jesús, juega un papel fundamental en la seguridad de la salvación. El Espíritu Santo nos convence de nuestro pecado, nos guía a la verdad y nos da el testimonio interno de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). Esta seguridad no se basa en nuestros propios sentimientos o emociones, sino en la obra fiel y permanente del Espíritu Santo en nuestras vidas.

3. La evidencia de una vida transformada:

La seguridad de la salvación también se ve reflejada en una vida transformada por el poder del Espíritu Santo. Cuando creemos en Jesús y recibimos el Espíritu Santo, experimentamos un cambio radical en nuestro interior. Comenzamos a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, amando a los demás, buscando la justicia y la santidad. Esta transformación en nuestro carácter y comportamiento es una evidencia poderosa del trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas y de la nueva vida que tenemos en Cristo.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

2 Corintios 5:17

¿Cómo tener la seguridad de la salvación? 

Para tener la seguridad de la salvación, basta con seguir estos pasos:

  • Reconocer su necesidad de salvación: Admitir que eres pecador y que necesitas el perdón de Dios.
  • Arrepentirse de sus pecados: Apartarse del pecado y buscar el perdón de Dios con sinceridad.
  • Creer en Jesucristo: Aceptar a Jesús como Señor y Salvador, confiando en que su muerte en la cruz pagó por sus pecados.
Queremos tener la seguridad de que seremos salvos, consideremos acercarnos más a Dios para ser guiados por su Espíritu. Él nos enseñará el camino que podemos tomar hacia la Salvación de Dios.

¿Cómo puedo hacer una diferencia en el mundo?

A cada uno de nosotros Dios nos dio cualidades, dones o talentos diferentes, Él quiere que los pongamos en práctica y poder compartir del conocimiento que nos ayuda a salir de la oscuridad. Pongamos en práctica todo lo que Él nos ha enseñado mediante los relatos bíblicos, así como también lo hicieron sus discípulos. La diferencia que marcó Jesús en el mundo fue positiva y de mucha bendición, eso mismo podemos hacer con nuestras obras.

1. Comparte tus dones y talentos para el bien común:

“Cada uno de acuerdo a lo que ha recibido el don de Dios, así también adminístrenlo entre ustedes como buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios.” 

(1 Pedro 4:10)

Dios nos ha dado a cada uno dones y talentos únicos. Podemos usarlos para bendecir a los demás y hacer del mundo un lugar mejor. Comparte tus dones con entusiasmo y pasión, y verás cómo puedes marcar una diferencia significativa.

2. Sé una luz en la oscuridad:

“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder.”

(Mateo 5:14)

Como cristianos, estamos llamados a ser una luz de esperanza y amor en un mundo que a menudo puede ser oscuro y desalentador. Comparte tu fe con los demás, defiende la justicia y la verdad, y lucha por crear un mundo más compasivo y lleno de paz.

3. Sé una voz por la justicia y la paz:

“Busquen la justicia, busquen lo recto, liberen al oprimido del poder del opresor.” 

(Isaías 1:17)

La Biblia nos llama a defender a los más vulnerables y luchar por la justicia y la paz. Podemos usar nuestras voces para denunciar la injusticia, defender los derechos de los demás y trabajar por un mundo más equitativo y pacífico.

No importa lo pequeña o grande que pueda ser nuestra contribución mientras la hagamos con convicción, podrá marcar esa diferencia que tanto necesitamos en el mundo. Busquemos activamente a Dios y dejemos que sea Él quien nos guíe por el camino correcto.

¿Cómo puedo tener buenas relaciones con los demás?

En nuestro planeta tierra existen diferentes pensamientos y formas de mirar la vida, Dios en su infinito amor nos llama a ser seguidores de un modelo como lo es Él, para vivir de una manera adecuada con nuestro prójimo.

Las buenas relaciones en el trabajo, en la casa, con los vecinos, etc. Nos ayudan a desarrollar condiciones óptimas donde nuestra sociedad crece y se fortalece. Tenemos mayor confianza en los demás y podemos ayudarnos mutuamente para lograr nuestros objetivos. Aún teniendo diferencias de opinión o creencias, podemos tener buenas relaciones con cualquier persona. 

Vamos a ver algunos puntos que nos pueden ayudar a lograr esto:

1. Ama a tu prójimo como a ti mismo:

“Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

(Mateo 22:39)

Este mandamiento fundamental resume la esencia de las buenas relaciones. Amar a nuestro prójimo significa tratarlo con el mismo respeto, compasión y amabilidad que nos gustaría recibir. Implica escuchar con atención, ofrecer ayuda cuando sea necesario y perdonar las ofensas.

2. Respeta a los demás, incluso en sus diferencias:

“Honren a todos por igual, sean creyentes o no creyentes.”

(1 Pedro 2:17)

El respeto es esencial para construir relaciones de confianza y apoyo mutuo. La Biblia nos enseña a respetar a todas las personas, independientemente de su edad, género, raza, origen social o creencias.

3. Sé humilde y servicial:

“Hagan todo con humildad y consideración, y procuren honrarse unos a otros.

” (Filipenses 2:3)

La humildad y el servicio son pilares fundamentales para construir relaciones sólidas. Cuando somos humildes, reconocemos nuestras limitaciones y estamos dispuestos a aprender de los demás. Cuando somos serviciales, ponemos las necesidades de los demás antes de las nuestras y buscamos contribuir al bienestar común.

Las buenas relaciones se basan en el amor, el respeto y el perdón, como Dios nos muestra a través de su vida y sus inigualables experiencias. Las relaciones humanas requieren esfuerzo, paciencia y compromiso. No siempre serán fáciles, pero con la ayuda de Dios podemos construir relaciones saludables y enriquecedoras que nos aporten alegría y satisfacción a lo largo de la vida.

¿Cómo puedo superar las dificultades y los desafíos en la vida?

Recordemos que DIOS se encuentra en todo momento a nuestro lado y que tomados de su mano podremos encontrar solución a cualquier aspecto de nuestra vida por muy difícil que parezca la situación.

1. Enfrentando las dificultades con fe y confianza:

“No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con la mano derecha de mi justicia.” 

(Isaías 41:10)

Cuando enfrentamos desafíos, es fácil sentirnos abrumados y desesperanzados. Sin embargo, Dios siempre está con nosotros, brindándonos la fuerza y el apoyo que necesitamos para superar cualquier obstáculo.

2. Buscando la sabiduría de Dios en medio de las pruebas:

“Si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, que da a todos generosamente sin reproche, y le será dada.”

(Santiago 1:5)

Busquemos la sabiduría de Dios, la cual nos brinda la perspicacia y la dirección que necesitamos para tomar decisiones acertadas y navegar por los desafíos con sabiduría. La oración es una herramienta poderosa para conectarnos con Dios y recibir su guía en momentos de necesidad.

3. Fortaleciéndonos en la comunidad y en la esperanza:

“Lleven las cargas unos de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo.”

(Gálatas 6:2)

Enfrentar las dificultades en soledad puede ser aún más difícil por eso recordemos la importancia de la comunidad y el apoyo mutuo. Rodearnos de personas creyentes que nos alientan, oran por nosotros puede marcar una gran diferencia en nuestra capacidad para superar los desafíos.

Las dificultades y los desafíos son parte inevitable de la vida sin embargo, con la ayuda de Dios, podemos superarlos con fe, confianza, sabiduría y el apoyo de nuestra comunidad. Al poner en práctica estas enseñanzas podemos salir fortalecidos de las pruebas y crecer en nuestra relación con Dios.

Nos han enseñado a ser prisioneros

Desde pequeños el mundo lo aprendemos por medio de nuestros sentidos. Aún en el vientre somos formados por esas sensaciones y movimientos. Influye de manera maravillosa lo que percibimos desde pequeños. Si este ambiente es el adecuado para adquirir aprendizajes que nos sean de beneficio, entonces creceremos con mejores herramientas para confrontar el mundo.

Nos han enseñado a ser prisioneros

Muchas de las enseñanzas que recibimos, son contrarias a la construcción de una enseñanza sana. No las identificamos hasta que conocemos una forma contraria de actuar o pensar. Como ejemplo, si de pequeños crecemos con la idea de que hablar mal de los demás está bien, hasta que alguien adulto o alguna experiencia nos demuestre lo contrario, viviríamos con esa forma de pensar. Incluso esa realidad se puede convertir solo en la percepción de una sola persona, y llegar a creer que así funciona el mundo.

En la escritura de Dios, encontramos que para Él era muy importante que los Padres transmitieran a los hijos las enseñanzas que les daba. Que no cambiarán nada de lo que estaba escrito, y así los hijos pudieran tener un conocimiento más amplio de cómo funcionaba el mundo. No solo la creencia de una persona, sino todo poderlo comparar con las leyes que Dios daba.

Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, 7 y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, 9 y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.

Deuteronomio 6:6-9

Como hijos a veces somos prisioneros de creencias, costumbres, conceptos, ideas y pensamientos que se alejan del conocimiento de Dios. Aunque tengamos conocimiento de la Biblia, podríamos estar adaptando ese conocimiento a nuestra necesidad. 

¿De dónde aprendemos el amor?

Si el amor lo aprendemos de las comedias o películas de amor, tendremos en muchas ocasiones una versión fantasiosa de lo que verdaderamente es el amor. Como aquella historia donde hay príncipes y doncellas que necesitan ser rescatadas. Si todo ese conocimiento lo ponemos en balanza con las enseñanzas de Dios, descubriremos el gran abismo que hay entre una y otra.

Con esta idea que planteamos, podrías hacer el ejercicio para ver de qué puedes ser prisionero. Y no importa nuestra edad, a veces hay viejos que descubren que estuvieron haciendo las cosas mal. A ellos ya no les cuesta tanto trabajo cambiar, porque saben el valor del tiempo. Entonces si descubres que hay algo de lo que eres prisionero ¿estarías dispuesto a ser libertado y que abrieran tus ojos?

La verdad de Dios nos liberta

31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

Juan 8:31-38

Es así como todas las creencias contrarias a la Voluntad del Dios Todopoderoso se confrontan para ser vencidas con la Verdad. La libertad viene por el conocimiento de la Verdad, para que seamos verdaderamente libres.

¿Cómo puedo encontrar la felicidad verdadera?

Como seres humanos, pensamos que encontrar la felicidad se basa en algún éxito material, y la verdad es que no es así. Esto va más allá de cualquier logro personal. Busquemos a Dios en todo momento y situación; solo así experimentaremos una felicidad duradera y placentera.

1. La felicidad en la relación con Dios:

“Pero el que se alegra y en ti confía, él será bendecido, porque tú lo protegerás.” 

(Salmos 41:12)

Cuando ponemos nuestra fe y confianza en Él, experimentamos una paz interior y una alegría duradera que no depende de las circunstancias externas.

2. La felicidad verdadera se encuentra en seguir los mandamientos de Dios.

“Guarda sus preceptos y busca su favor; no te apartes de sus palabras.” 

(Proverbios 3:21)

Dios nos ha dado sus mandamientos no para restringirnos, sino para guiarnos hacia la verdadera felicidad. Obedecer sus mandamientos nos lleva a una vida llena de amor, paz, justicia y propósito.

3. La felicidad en la gratitud y la alabanza:

“Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.” 

(1 Tesalonicenses 5:18)

Cultivar una actitud de gratitud y alabanza hacia Dios, incluso en medio de las dificultades, es un camino fundamental hacia la felicidad verdadera. Enfocarnos en las bendiciones que hemos recibido, en lugar de las cosas que nos faltan, nos permite apreciar la bondad de Dios y experimentar una mayor paz y alegría.

La felicidad verdadera no se trata de buscar placeres momentáneos o logros externos, sino de cultivar una relación profunda con Dios, vivir una vida con propósito y cultivar una actitud de gratitud y alabanza. Cuando hacemos estas cosas, experimentamos una felicidad genuina y duradera que no se ve afectada por las circunstancias cambiantes de la vida.