2.- Dios el Creador del Universo

La Suprema deidad del universo es Dios. Él es el Todopoderoso Creador, que con su poder sostiene los cielos, la tierra y todas las cosas que en ellos hay. (Hch. 17:24-28; Gn. 1:1; Ap. 1:7; Sal. 124:8; Neh. 9:6; Is. 40:28; Sal. 55:22).


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“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos” (Hechos 17:24)

Creemos que la suprema deidad del universo es Dios. Él es el Todopoderoso Creador, que con su poder sostiene los cielos, la tierra y todas las cosas que en ellos hay. (Hechos 17:24-28; Génesis 1:1; Apocalipsis 14:7; Salmos 124:8; Nehemías 9:6; Isaías 40:28; 44:24; Salmos 55:22).

En la versión de Casiodoro de Reina encontramos este versículo traducido así: “Habló todavía Dios a Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ; Y aparecí a Abraham, Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me notifiqué a ellos” (Exodo 6:2-3) En la versión hebrea, esos mismos textos se traducen así: “Y habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy el Eterno, y yo aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob, como el Shad-day (Dios Todopoderoso), pero en mi nombre, Eterno, no me di a conocer a ellos”.

Por estas palabras vemos que el Creador de los cielos y la tierra, se presenta en la Escritura como Jehová y en sus diferentes atributos indistintamente. Estos son los apelativos con los cuales se le describe en la Biblia: castillo, roca, fortaleza, libertador, escudo, galardón, etc. (Salmos 91:4; 2a Samuel 22:2; Génesis 15:1).

Nuestro Dios ha sido el creador de lo físico -lo visible y palpable-, así como de aquello que nuestros sentidos carnales no pueden percibir, es decir, de lo metafísico donde existen seres espirituales.

En primer lugar está el primogénito de toda la creación: nuestro Señor Jesucristo (Juan 5:26; Colosenses 1:15-17). Y enseguida, el Espíritu Santo; después de ellos los ángeles, arcángeles, querubines, serafines, etc., entre los que se encuentra el mismo Satanás.

No podemos percibir al Creador del Universo con nuestros sentidos, porque es espíritu (Juan 4:24); no tiene carne ni huesos (Lucas 24:39). Al ser espíritu no está sujeto al tiempo ni puede perecer, porque no hay otro ser semejante a Él.

Con su poder ha hecho todo con sabiduría y por su propia voluntad. Ese poder de Dios es inmenso, puesto que por él sigue existiendo todo lo que vemos y aún lo que no vemos; pero en el momento que Dios lo decida llegará el fin de todas las cosas. De esta manera, Él puede destruir aun lo que el hombre no percibe: el alma, el infierno, la muerte (Deuteronomio 32:39; Apocalipsis 20:14-15). Por esta razón, nosotros debemos creer que Dios existe. Así como estamos completamente convencidos de su existencia y poder, creemos que es el galardonador de los que hacen su voluntad.

Amado hermano, pon tu fe en Dios, el creador del universo.

1.- La Biblia como el libro heredado de Dios para la humanidad

La Biblia, incluyendo las divisiones comúnmente conocidas como Antiguo y Nuevo Testamento, es la divinamente inspirada Palabra de Dios. Ninguna otra escritura ha sido de tal manera inspirada. Creemos que la Biblia es infalible en enseñanza y contiene la completa voluntad y revelación de Dios hacia el hombre.

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Dios nos llama

Dios siempre ha llamado y utilizado los medios que necesitamos, para poder escuchar este llamamiento, porque su deseo es que podamos conocer las grandes bendiciones que tiene guardadas para nosotros. ¿Has escuchado este llamado? Siempre ha estado ahí, desde hace mucho tiempo han existido profetas de Dios, o personajes bíblicos como Noé y Abraham que hacían el llamado. Pero no muchos ponían atención a sus palabras.

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Conocimiento de uno mismo

Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe; probaos á vosotros mismos. ¿No os conocéis á vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados. Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados. Y oramos á Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.

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El Alfarero nos da forma

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies Salmo 8:3-6 10

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Mostrando nuestro amor hacia Cristo

Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos á otros.

Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros: En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.

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Nos preparamos para la segunda venida de Cristo

¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; 24 Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para siempre! 25 Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; 26 Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; 27 Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Job 19-23-27

La relación de Cristo con su Iglesia

La relación de Cristo con su Iglesia está descrita en una forma figurada, como cuando un novio se une a su mujer en matrimonio. Una relación tan íntima y especial que se unen para que sean uno sólo de forma espiritual, un cuerpo con un mismo pensar y un mismo objetivo, y su conexión está fundada en el amor que tienen en su mente, para hacer todo conforme a la voluntad de su padre que en común tienen.

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¿Qué hacer para conocer cuál es la voluntad de Dios, o qué decisión debo tomar?

Durante un periodo de cautividad del pueblo de Israel el profeta Jeremías advierte sobre las consecuencias de no reconocer sus propios errores. Confundidos los escribas que se encargaban de transcribir fielmente la ley de Dios. Eran llamados mentirosos, porque ahora dejaron de tener buen juicio, comenzaron a interpretar a su manera la palabra de Dios, y aunque querían curar las heridas del pueblo, lo hacían de forma superficial y no podían ver sus propios errores, en su engaño pensaban que estaban haciendo la voluntad de Dios.

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Un cuerpo, una cabeza

Cada parte de nuestro cuerpo tiene un objetivo específico y ordenado para el que cumple su función, si uno de sus órganos o sistemas falla, inmediatamente el cuerpo manifestará la deficiencia con alguna reacción u enfermedad. Pero ¿te imaginas un cuerpo sin cabeza? Creo que todo cuerpo humano necesita de una cabeza para que el resto de miembros pueda funcionar adecuadamente.

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