
Cuando no podemos conciliar el sueño y nuestros pensamientos recuerdan lo bueno que ha sido Dios con nosotros.
Aunque las ideas sobre la enfermedad inunden lo más profundo de nuestro ser, o queramos por momentos huir de este mundo y del dolor que nos envuelve; aunque desde nuestro conocimiento limitado no obtengamos la respuesta, o haya confusión sobre qué hacer cuando ni siquiera podemos ver nuestros propios pasos; o cuando nos toca guiar sin tener las respuestas a nuestras propias dudas…
Aun con todo lo que puede suceder en nuestra vida, Dios tiene misericordia y vida eterna en su Hijo, y las tiene para todos. Su amor no hay quien lo alcance. En mis desvelos, lo que me dio mucha fuerza para seguir fue la fe en mi Padre. No sabía si estaba al límite de mis fuerzas o si terminaría como cualquier hombre que no tiene esperanza. Así que me infundía aliento y confianza: cada mañana me recordaba que todavía había oportunidad para luchar y descubrir su gloria.
Por eso, mi refugio fueron las letras: escribir lo que sentía en esos momentos, porque al cantarlas puedo sentir que soy yo quien vive y atraviesa esas circunstancias, y que solo Dios me acompañó junto con Jesús. A Él le doy gracias por guiarme y no dejarme; me sigue mostrando cómo puedo mejorar y cómo conectar mis deseos con la acción.
Espero siempre que estas canciones sean de bendición para quien las escucha, y que podamos juntos recordar que solo en Dios tenemos esperanza y salvación. Para Él sea toda la gloria y alabanza.





