Había una vez un palacio cercado por cuatro murallas. La exterior ceñía a la ciudad donde vivían los súbditos. Dentro de la ciudad se erigía una segunda muralla que rodeaba un magnífico jardín donde había todas las frutas y flores imaginables. Dentro del jardín había una tercera muralla protegida por el ejército de su majestad. La cuarta muralla rodeaba el palacio con incontables torres que se elevaban hacia el cielo.
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