Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto. (Romanos 12:1)

El apóstol Pablo fue un hombre muy preparado en las cosas de Dios, una de las personas más cultas que podemos leer en la escritura; por todos los datos de las cartas y el libro de los Hechos nos podemos dar cuenta que el llamado que le hizo Jesucristo, fue necesario para que por medio de él se manifestara la predicación del evangelio a los gentiles, judíos, griegos, romanos, etc. Y que todos los que creyeran fueran salvos.

Fue un estudiante del orden más elevado, educado en Jerusalén, a los pies de Gamaliel (Hechos 22:3), quien era un doctor de la Ley, muy venerable a los ojos del pueblo (Hechos 5:34). Interesado por la obediencia a la ley de Dios y su celo lo llevaba a castigar a todos los que estaban fuera de la ley.

2 de Corintios 11:16-33 nos muestra una predicación de Pablo al pueblo que no aceptaba su conversión y el evangelio que predicaba, un tema recurrente en las cartas era el sacrificio de animales. Sabemos que el sacrificio de animales fue dado por Dios al pueblo, como un medio de remisión, holocausto y ofrenda. Su tiempo estaba determinado hasta que viniera Cristo e hiciera el supremo sacrificio por la humanidad. Jesús se sometió a muerte por los pecados del mundo, dándonos oportunidad a nosotros así de acercarnos con Dios, reconciliarnos después de habernos alejado de él y vivir bajo pecado. Así que aprendemos con Pablo que se nos pide sí un sacrificio, pero no es de un animal, sino un sacrificio vivo.

Vamos a leer el significado que tiene la palabra sacrificio:

  1. Ofrenda hecha a una divinidad en señal de reconocimiento u obediencia, o para pedir un favor.
  2. Esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien.

Conforme a la primera definición, Cristo ofrece su vida por nuestra propiciación con el fin de como la segunda definición, podamos ser merecedores del perdón de Dios, porque nos habíamos apartado del buen camino en el cumplimiento de la ley. También podemos notar que si nos abstenemos de nuestros deseos personales y carnales, lo hacemos para agradar a Dios, leamos:

“Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.” (Lucas 9:23,24)

El sacrificio de dejar una vida anterior y vivir conforme a la voluntad del Creador, no hay mejor evangelio que nos haya podido dejar Jesucristo, que con el ejemplo nos mostró cómo habíamos de vivir, haciendo sacrificio con lo que somos, dejando atrás la inmundicia y superfluidad de malicia, engaños, fingimientos, envidias y todas las detracciones. (Santiago 1:21; 1 Pedro 2:1) Qué mejor sacrificio podemos ofrecer a Dios que siendo buenos en todo y obedeciendo sus enseñanzas divinas.

Así Pablo también lo aprendió de Jesucristo y nos enseña que no fue fácil para él, pero la fe en Cristo lo fortaleció para dejar atrás lo que era.

“Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado pérdidas por amor de Cristo. Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad á su muerte, si en alguna manera llegase á la resurrección de los muertos. No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:7-14)

Así que recuerda poner en práctica el conocimiento que aprendimos.

  1. Vamos a dejar de hacer lo malo y limpiarnos con plena certidumbre que nuestras obras las dirige nuestro Dios (Isaías 1:16-20).
  2. Nuestra apariencia exterior puede engañar a los que nos ven, pero Dios no puede ser burlado, así que trabajemos más en el interior, nuestro corazón que sea limpiado de todo mal sentimiento y pensamiento (Joel 2:12-14).
  3. Recuerda que Jesucristo es el medio de perfección para los santos, el cual es ejemplo de obediencia y cumplimiento de los mandatos de su padre (Hebreos 10:9,10,14)
  4. Pablo es un buen ejemplo del sacrificio vivo que realizó para ser siervo de Dios, tuvo que negarse a sí mismo para seguir a Cristo (2 Corintios 11:23-28).
  5. Los sacrificios agradables a Dios, siempre los debemos buscar por medio de la escritura, nadie nos debe enseñar cómo agradarle a aquél que nos ha tomado por hijos, dejemos que nos muestre nuestro Dios cómo sacrificarse (Salmos 51:17).