Y Jehová dijo á Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos; Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, á ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí. (Éxodo 19:10,11)

Después de haber pasado 50 días después que les había indicado nuestro Dios a su pueblo hacia dónde dirigirse, estaban avisados que habían de santificarse para recibir un pacto que determinaría el futuro de sus vidas. El monte Sinaí, más de un millón de testigos y junto con los ángeles de Dios anunciaría un pacto. Pacto que Dios confirmó al darles leyes para que las cumplieran, a cambio les daría una tierra donde podrían establecer y permanecer por las generaciones.

La Pascua en la vida de aquellos hombres fue el comienzo de una nueva vida, al ver las maravillas de Dios, tendrían la posibilidad de adquirir libertad, un salto de fe al pasar el mar bermejo, fue el momento crucial para todo ese pueblo. La mar dividía aquella promesa de la que no sabían aún todo lo que tendrían que hacer, hasta llegar al monte para recibir el pacto de Dios donde les describiría las leyes para que las escribieran en sus corazones, de esta manera podría ver el pueblo que este pacto era de bendición para ellos, por que los apartaría del mal y los conduciría a vivir una vida nueva.

No habían pasado muchos días, cuando el pueblo ya murmuraba y se arrepentía de haber escuchado a Dios y haberse dejado guiar por Moisés. (Éxodo 16:2,3) Por que solo habían visto la gran Misericordia de Dios y sus maravillas. Cosa que demostraba que sus corazones no se habían convertido al verdadero Dios, aún pensaban en idolatría por todo el tiempo que habían estado acostumbrados a las cadenas que el pecado los tenía atados.

¿Qué es lo que al pueblo y a nosotros nos puede cambiar para realmente vivir una vida nueva? Somos carne y en nuestra naturaleza si no hay reglas que nos gobiernen, los instintos dominan y no permiten que veamos más allá de nuestros ojos, ni de nuestros tiempos. El Apóstol Pablo nos enseña que para poder ser transformados en la vida venidera, hay que aprender a vivir conforme al espíritu (Romanos 8:1). El pacto donde las leyes estarían para el pueblo, para que todos pudieran alcanzar la salvación, no importando los pecados que habían quedado detrás de la mar, el deseo de Dios era que en el momento que aceptaran su pacto, ya no volvieran sus ojos a sus viejas costumbres e ideologías que estaban alejadas de la santificación.

ASI que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios. (2 Corintios 7:1)

Así que para realmente escuchar a nuestro Dios y a su hijo Jesucristo, hay que santificar nuestro ser. Entender el mensaje de su evangelio, que no son solamente mandamientos, son nuestra guía para vida eterna; una guía que nos llenará de conocimiento de Dios y de amor para con nuestro prójimo. Por que la ley dice, amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo. (Deuteronomio 6:4,5)

En los días de santificación busquemos apartarnos de todo lo que nos pueda distraer, ¿Cuáles eran las distracciones del pueblo de nuestro Dios al salir de Egipto? Las comodidades de su antigua casa, los alimentos, el calor del desierto, la falta de agua. Pero ahora ¿cuáles son nuestras distracciones? El internet, las compras, los celulares, las noticias, la televisión, las necesidades personales, etc. En estos momentos previos a la solemnidad, busca dedicarte a Dios con todo tu corazón; comunicate con Él y expresa tus necesidades, así como tus agradecimientos; medita en su ley y recuerda el pacto que has hecho de forma personal con tu Dios; Piensa en las necesidades que tiene el cuerpo que es la iglesia y pide por ellos; No pienses en ti, piensa en los demás. Y una de las cosas más importantes que debemos meditar en la fiesta, piensa en la hermosa esperanza que nos ha dado Cristo de ser libres del pecado y de tener a un consolador con nosotros, por que nuestro maestro no nos ha dejado sólos para atravesar el desierto, nos ha dado un guía que nos recordaría todas las cosas que Jesús nos promete. Establece él mismo el pacto que en algún momento lo hizo Dios con su pueblo a las faldas del monte.

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:36)

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. (Juan 14:26)

La santificación es muy importante, aunque en estos tiempos podemos sentirnos dependientes de internet, hay que buscar el tiempo para dedicarle a Dios. Tiempo para meditar, reflexionar y considerar ¿qué significa y conlleva hacer un pacto con Dios? ¿Qué he dejado para seguir a Cristo? ¿Que me distrae en estos tiempos para no santificarme como Dios me pide?

ESTOS pues son los mandamientos, estatutos, y derechos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra á la cual pasáis vosotros para poseerla: Para que temas á Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, y que tus días sean prolongados. (Deuteronomio 6:1,2)

Aprovechemos esta fiesta, escuchemos la voz de trompeta que anuncia nuestro Dios para estar apercibidos, porque el día se acerca y hay que ser prudentes y velar, estar en oración pidiendo porque su espíritu nos de sabiduría para saber cómo obrar en estos tiempos angustiosos.

Que Dios nos siga bendiciendo.