Cuando pensamos en que nuestro Maestro Jesucristo nos puede dar una recompensa si guardamos su palabra, tal vez la queramos ver en el instante que la cumplimos. Cuesta un poco más de trabajo pensar en recompensas que serán en el futuro, pero si nos detenemos un momento a analizarlo, eso nos da un propósito de vida, un objetivo que nos lleva a superar nuestras expectativas, donde lo bueno y perfecto no será en este tiempo y en esta tierra como la conocemos, sino en una tierra transformada para que podamos habitar en ella con justicia y paz.

En el Salmo 37 podemos leer una hermosa narrativa de cómo Dios espera que sus hijos puedan disfrutar de esta tierra por heredad, donde marca una división: los que hicieron su voluntad y los que decidieron apartarse de los buenos caminos.

Salmo de David. NO te impacientes á causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán presto cortados, Y decaerán como verdor de renuevo. Espera en Jehová, y haz bien; Vivirás en la tierra, y en verdad serás alimentado. Pon asimismo tu delicia en Jehová, Y él te dará las peticiones de tu corazón. Encomienda á Jehová tu camino, Y espera en él; y él hará.

Y exhibirá tu justicia como la luz, Y tus derechos como el medio día.

Calla á Jehová, y espera en él: No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. (Salmo 37:1-7)

Ver. 22 Porque los benditos de él heredarán la tierra; Y los malditos de él serán talados.

Ver. 29 Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella.

Ver. 34 Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te ensalzará para heredar la tierra: Cuando serán talados los pecadores, lo verás.

Así en la antigüedad como en nuestros días, la promesa si buscamos hacer la voluntad de Dios es la tierra prometida por heredad, una tierra donde fluye leche y miel. Y esta tierra ha sido creada para que los hombres habiten en ella por siempre, solo que necesita ser transformada, así como nosotros también necesitamos de una transformación con ayuda del evangelio de Cristo.

Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Isaías 65:17

Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar á cada uno según fuere su obra. Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad. Apocalipsis 22:12-14

Los hombres del ayer esperan la misma recompensa, poder vivir en una tierra de justicia y eternal paz, un ejemplo es Job, el cual sabía que todo su sufrimiento sería recompensado si hacía siempre la voluntad de Dios.

Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo: Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios; Al cual yo tengo de ver por mí, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mis riñones se consuman dentro de mí. Job 19:25-27

La fe de Job estaba puesta en el redentor que sus ojos verían cuando fuere transformado, el confiaba que si hacía lo correcto podría ver a su redentor. Así también nosotros podemos trabajar en esa confianza, él promete volver y darnos la corona de vida, el limpiará nuestro sufrimiento y lo convertirá en gozo, abriendo nuestros ojos para valorar todo lo que hicimos por guardar su palabra.

La recompensa requiere de nosotros sacrificios, esfuerzo, es algo que nuestro Padre nos promete si guardamos sus mandamientos, al igual que Cristo el hijo de Dios, podemos aprender que nos invita a seguir sus caminos para obtener la recompensa del Padre.

Y así cuando venga Jesucristo por segunda vez, nos avisa que vale la pena esforzarse y permanecer siempre en sus caminos.

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. Mateo 5:5

Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Marcos 10:29,30

En esta vida recibimos la bendición de Dios con todo lo que tenemos, y en la vida eterna aquella promesa incorruptible, poder gozar de una tierra de paz, donde todo lo malo se haya purificado con aquellos que buscamos hacer la voluntad de nuestro Dios. La vida eterna que se promete poder gozar en esta tierra que será renovada por nuestro Dios.

Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Juan 5:39

No nos cansemos pues de hacer el bien y de seguir la santidad, porque tenemos una hermosa promesa por la que vale la pena trabajar y cambiar en esta vida, para heredar la venidera.