El pertenecer al pueblo de Dios implica un estudio y conocimiento de quién es el pueblo de Dios o su iglesia; la congregación que ha caminado desde la creación hasta nuestros días, y que son hijos que han buscado siempre hacer su voluntad. El sentido de pertenencia siempre nos va dar una identidad, conforme a las costumbres, ideas y pensamientos que existan en una determinada cultura o sociedad. Nuestro Dios a través de la creación, nos narra que fuimos creados a su imagen y semejanza (Génesis 1:26,27), teniendo virtudes y dones que servirían para administrar correctamente esta tierra y convivir con nuestro prójimo.

 

Esa imagen que nos invita a ser justo y auténtico con nuestro Dios, la fuimos alejando cada vez más con nuestras decisiones, acciones que perjudicaron e impidieron que las bendiciones de Dios estuvieran en nuestras vidas. El primer asesinato de Caín sobre Abel (Génesis 4:8) es una muestra de cómo abandonamos nuestra verdadera identidad de ser llamados hijos de Dios. Y si seguimos caminando veremos muchos ejemplos de cómo cada vez la perdíamos más y las consecuencias eran de mucho dolor para la humanidad.

En el capítulo 12 de Génesis Dios llama a Abram, uno hombre que entre tanta confusión buscaba y escuchaba esa voz en su interior de querer ser diferente, con él nuestro Dios establece un pacto, para que toda su descendencia pudiera ser protegido con las leyes divinas. Nace así el pueblo de Dios, y todos los que hicieron su voluntad formaron parte de un pueblo especial, lo que los hacía diferentes era que buscaban hacer todo conforme a las leyes que Dios les enseñaba.

Éxodo 19:4-6

Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Dios formaba hijos santos y apartados para que todo lo que hiceran les saliera bien, ninguna maldición sería sobre su casa porque ellos se apartaban de todas las costumbres e ideas que tenían otros pueblos.

Deuteronomio 7:6

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

2 Samuel 7:23

¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses.

Cada ley debía estar escrita en los corazones de sus hijos, para que cuando conocieran las costumbres, ideas y filosofías que hacían los demás, ellos no se contaminarán, sino por el contrario, pudieran enseñar la forma correcta de hacer las cosas, siendo una luz a las naciones. 

Aquí ponemos un ejemplo de cómo Dios por medio de sus leyes cuidaba a los suyos:

Deuteronomio 22:1,2

Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano. Y si tu hermano no fuere tu vecino, o no lo conocieres, lo recogerás en tu casa, y estará contigo hasta que tu hermano lo busque, y se lo devolverás.

Hoy la envidia y desconfianza que hay en las sociedad, nos aleja de practicar la caridad y de ayudar a nuestro prójimo, pero en este conocimiento no nos permite caer en esa frialdad, sino por el contrario, nos invita a ver siempre por la necesidad. Esta es la identidad del hijo de Dios, alguien que se ocupa de los problemas de su entorno.

Y esto no cambió, ya que las mismas costumbres y mandamientos acompañaron a su iglesia, aún en los tiempos de los discípulos de Cristo, ellos buscaban hacer todo conforme a las escrituras.

1 Tesalonicenses 2:10-12

Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

Ellos buscaba hacer todo como ejemplo de buenas obras, para darle gloria y honra al Dios vivo, porque si Él es Santo, sus hijos también deben ser santos (Levítico 20:7).

Santiago 3:13 

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

Colosenses 3:12 

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…

Todos ellos fueron los que escogieron ser hijos de Dios, y si hijos también herederos de las promesas, que guarda su pueblo y su iglesia. Aquellos que buscaron tener la imagen e identidad de nuestro Dios escrita en sus corazones, porque siempre buscaban apartarse de lo malo.

1 Pedro 2:1-10

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

1 Timoteo 3:15

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Su pueblo siempre ha buscado la verdad de Dios, no contaminándose con otros pensamientos y creencias que en lugar de edificar, destruyen, así que busquemos ser parte del pueblo que Cristo ha comprado con su sangre.