“De Cierto de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:5) En este verso nos marca un requisito para los que deseemos entrar en el reino de Dios, y es el nacimiento de agua. Este nacimiento tiene un tiempo específico para los que conocemos de la palabra de Dios y para los que conocerán de ella. Este nacimiento no es el único requisito, tenemos más y el nacimiento de espíritu también hay que comprenderlo para poder acceder a el, pero de este otro tema se escribe en otro artículo.

Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama anatema á Jesús; y nadie puede llamar á Jesús Señor, sino por Espíritu Santo. Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es. Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos. Empero á cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho. Porque á la verdad, á éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; á otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; A otro, fe por el mismo Espíritu, y á otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; A otro, operaciones de milagros, y á otro, profecía; y á otro, discreción de espíritus; y á otro, géneros de lenguas; y á otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente á cada uno como quiere. (1 Corintios 12:3-11).

En esta última lectura, el hombre que llega a Cristo recibe el don del Espíritu Santo, pero como el Espíritu Santo quiere, y todo es solamente una de sus manifestaciones, por ejemplo: El nacimiento del agua es solamente una de sus manifestaciones, Jesucristo mismo dijo en Juan 7:38,39 “El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. (Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aún no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.) Esto en conformidad con lo que dice Deuteronomio 32:2, sabemos que la doctrina del Señor es el agua, por medio de la cual el hombre que llega a Cristo sufre el procedimiento de transformación, sufre o se opera en él un lavamiento, porque el apóstol Pablo dice que la Iglesia esta siendo lavada: “Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:26,27). De manera que el agua que hace referencia Juan 3:5, no se refiere al agua del bautismo, sino al agua espiritual que es la Palabra de Dios, en la cual somos regenerados, como lo dice Pablo en Tito 3:5 “No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, más por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo”.

¿Cómo trabaja Dios en el hombre que llega a Cristo?: Cuando el hombre o mujer llega a la Iglesia de Dios, viene con todas las costumbres que aprendió en el mundo, lo que se llama “Obras de la carne”. Pero por medio de la predicación del evangelio, el hombre se va transformando a la imagen de Dios, por medio del conocimiento de la palabra de Dios. las predicaciones y los predicadores, son los medios que usa Dios para engendrarnos por medio de de su palabra: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio. (1 Corintios 4:15) Otras citas a considerar: Santiago 1:18; Juan 1:12,13; Colosenses 3:10

Cuando el hombre ha creído en Cristo por medio de la predicación del evangelio (Romanos 10:13,14), llega el momento que siente la necesidad de ser bautizado en las aguas, porque ha conocido que es necesario ser bautizado para ser miembro de la iglesia; y para que todas sus faltas con las que ofendió a Dios hasta ese momento, sean perdonadas. Por que el Bautismo de agua es necesario para pertenecer al Pueblo de Dios, el bautismo es el perdón de pecados. Citas a considerar: Colosenses 2:11-13; Éxodo 12:48,49; Hechos 2:38; 1 Corintios 6:9-11.

Cuando el hombre todavía no se bautizaba, cometía los pecados u obras de la carne que dice Pablo en 1 Corintios 6:9,10 “¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios”.

Pero ya se bautizó y no obstante sigue cometiendo algunos de estos pecados, no importando los años que lleven en la iglesia y haber sido bautizados, pueden ser Obreros o miembros de la iglesia pero siguen pecando. ”Pero ya se bautizaron, ya son nuevas criaturas” ¿Puede haber una contradicción? No hay contradicción, ´porque el bautismo de agua dice la palabra de Dios: A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21)

Mientras el hombre vive y está en la iglesia, está bajo un proceso de transformación, es la regeneración que dice Pablo en Efesios 5:25-27 y Tito 3:5. Este es el nacimiento de agua, pero no el nacimiento de Espíritu. La palabra nacimiento y regeneración, son términos que se consideran sinónimos, porque la palabra regeneración se deriva de “Regenerar”, que significa “Dar nuevo ser a una cosa que degeneró; restablecerla o mejorarla”. Este nacimiento del agua, es un nacimiento de preparación para el nacimiento de Espíritu, que es el nacimiento de Perfección.

Tendremos una segunda parte que se hablará del nacimiento del Espíritu.

Reedición Tema "El nuevo nacimiento" Documento editado para la Iglesia de Dios (israelita) 1 de Enero de 1985.