La disciplina en el hijo de Dios

La palabra disciplina etimológicamente proviene del latín “discipulus”, y significa imponer un orden necesario para poder llevar a cabo un aprendizaje; también se define como doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral, arte, facultad o ciencia. Del mismo origen es discípulo, que es quien se somete a la disciplina para lograr capacitarse. Dentro de los fundamentos que se pudieran considerar para obtener disciplina hablaremos de tres características, las cuales son las más destacadas: organización, limpieza y puntualidad.

El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Más el que escucha la corrección tiene entendimiento.

Proverbios 15:32. 

Primeramente, la organización es conocida como un sistema diseñado para alcanzar ciertas metas y objetivos; en otras palabras, son las acciones y efectos de convertir en algo que funciona bien. Para quienes no hemos entendido este sistema, encontramos problemas eternos con la organización del tiempo, de los recursos, entre otras. 

Hace años una nota periodística recomendaba siete hábitos que pertenecen a personas organizadas.

  1. Usar herramientas simples.
  2. Llevar el control de las actividades con ayuda de recordatorios, horarios, calendarios o aplicaciones de celular, te permitirá despejar tu mente, es difícil mantener todas las actividades del día en la cabeza si no eres una persona organizada.
  3. Ordenar prioridades.
  4. Ser consciente de lo más importante a realizar en el día, la semana o el mes, en base a las necesidades personales, planificar la noche anterior las tareas te facilitara el progreso.        
  5. Hacer mantenimiento constante.
  6. Tomarse el tiempo necesario para poner las cosas en el lugar apropiado, tanto tareas como objetos. Un objeto que no se guarda correctamente requiere mucho tiempo para ser localizado en comparación de aquel que está en el lugar indicado.
  7. Controlar tus listas y agendas.
  8. Familiarízate con tus metas, son tus sueños y debes ir por ellos. Se debe mantener contacto constante para cumplir con las fechas pactadas, siendo respetuoso y cumplido, repasando el trabajo diario.
  9. No ser perfeccionista.
  10. Enfocarte en las opciones, tomar una decisión con la cual serás responsable. La gente perfeccionista se enfoca tanto en los detalles que se paraliza y posterga todo. Ser determinado te llevará a perseverar en el camino aunque existan obstáculos.
  11. Ten actitud, ¡Hazlo ya!
  12. Concretar las ideas, plan en acción, si los planes no se hacen con anticipación salen mal o no se hacen.
  13. Pedir ayuda.

Conocer fortalezas y debilidades permiten delegar responsabilidades, centrar tu atención en lo que puedes hacer para que alguien más te asista en lo que sabe hacer. Tu tiempo es más valioso como para estar averiguando cómo se hace algo (si tienes interés después podrás hacerlo). 

Ahora vamos a aclarar la limpieza: Ser limpios, diferenciar entre lo que es sucio, lo que no es útil para nosotros, lo que es tóxico. Aunque el aseo personal es muy importante, el enfoque que queremos darle es distinto, porque la limpieza también se extiende a la mente. Borrar pensamientos que afectan la relación con los demás, pensamientos de conformismo, ideas de maldad; en otros aspectos heredamos ideas que se convierten en el legado familiar, ideas que se protegen hasta la tercera o cuarta generación, sentimientos de rencor, odio, machismo. Las conductas familiares y sociales deben ser investigadas para perfeccionar lo que funciona y eliminar lo que no funciona, a fin de crear un mejor futuro y que las nuevas generaciones construyan sobre mejores bases, pues dice el texto en Romanos 12:2: “No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios; es decir, lo que es bueno, lo que es grato, lo que es perfecto. 

La limpieza, se toma como una oportunidad que se ofrece a diario para fortalecer el comportamiento apropiado, el cual arrastra a una mejor manera de vivir. Para obtener limpieza, se requiere compromiso, intentar una y mil veces hasta lograrlo, practicando el perdón y el amor al prójimo, teniendo fe en nosotros mismos, sin olvidar la oración y el ayuno como sacrificio hacia el Padre quien hace posible lo aparentemente imposible. 

Por último tenemos a la puntualidad, virtud que es símbolo de muchas naciones, pues aprendieron que el éxito se toma de la mano con la puntualidad. Dicha virtud es fácil de conseguir y cuidar; pero debemos ser pacientes y constantes, ya que trae recompensas inimaginables porque de esto enseñó el Rey Salomón en Proverbios 22:29: “¿Viste algún hombre puntual y expedito en sus negocios? Ese tendrá cabida con los reyes, y no quedará entre la plebe.” Lo que nos invita a pensar que en su corte se encontraban esta clase de hombres y mujeres.

La puntualidad es el cuidado y diligencia en hacer las cosas a su debido tiempo o en llegar a la hora convenida. Los mexicanos no somos muy dados a ser puntuales; pero esta situación ya está cambiando, tenemos que motivarnos para conquistar esta cualidad y más aun siendo hijos de Dios, hemos de presentarnos antes de la hora indicada, llegar al trabajo 15 minutos antes, en la escuela llegar primero que el profesor, o sea, expresar nuestro interés al compromiso adquirido.

Manifiesto que si se enriquecen estos tres puntos, se podrá disfrutar de un camino agradable hacia la disciplina que estimula nuestro Creador, pues dice Hebreos 12:9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos?”.

Si en este momento estás siendo participante de la indisciplina, reconsidera: olvida los malos pensamientos, confía que es Dios quien está haciendo de ti alguien sobresaliente porque tú puedes dar más y solo te lo has negado; ya que dice más adelante en Hebreos 12:11: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; Y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.”

Hebreos 12:6: “Porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo.”

Escrito por: Julio César García

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