Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios. (1 Pedro:4:16 LBLA)

Existe un momento en nuestra vida donde nuestro mayor anhelo es acercarnos a la iglesia de Dios. Es así como elegimos dejar todo lo que el mundo nos ofrece y corrompe a la humanidad. En este proceso de transformación debemos ser conscientes de la batalla espiritual que llevamos, pues en este camino nos encontramos obstáculos como son: nuestros amigos, compañeros de trabajo, vecinos y en muchos casos también Nuestra Familia; así como todos aquellos que al no tener la misma Fe, se convierten en esa piedra de tropiezo que nos nubla nuestra fidelidad a Cristo.

Cuando somos jóvenes normalmente ocultamos la religión que profesamos, ya sea por miedo a perder nuestros amigos, a no tener un noviazgo, por problemas escolares o simplemente por no sentirnos rechazados. Recordemos el ejemplo que nos dio el Apóstol Pablo, pues dejó a sus amigos y renunció a su educación judía por servir a Dios. Pablo demostró que su Fe en Jesús lo hacía más fuerte, y reconoció que este amor por Cristo también le ofrecía gozo y alegría, pues su servicio le permitía ayudar a la salvación de las personas cuando les predicaba. 

Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego. Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe. (Romanos 1:16-17)

Pablo dejando atrás el miedo y la preocupación, su conocimiento lo llevó a ser un hombre valiente y temeroso de Dios, sabiendo que entre más conocía de la doctrina, podría tener una mayor virtud, templanza y fortaleza.

Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza. Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo; antes sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios. (2 Timoteo 1: 7-8).

Ya adultos y para los que son padres de familia,  en esta etapa es donde los vínculos con la sociedad son más fuertes, pues cada una de nuestras actividades están influenciadas por el estilo de vida que hemos adoptado. Aquí nuestro entorno laboral toma un papel fundamental en contraste con el ámbito espiritual. Los que son empleados de alguna empresa y donde la mayoría de compañeros de trabajo no comparten la misma fe, motivo por el que somos constantemente cuestionados y excluidos de convivencias, tenemos constantes cuestionamientos de nuestras creencias. Cuando tenemos problemas económicos, algunos se burlan de nosotros, comentando que es por causa de no trabajar en día sábado. La escritura nos enseña que Dios atiende a nuestra necesidad y que su amor por cada uno de nosotros es tan grande que incluso de nuestros pecados no se acuerda y derrama bendición aún siendo injustos, pues cuanto más le obedecemos, mayor misericordia alcanzamos al confesar nuestra devoción.

Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido: Serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame; Porque tú eres el Dios de mi salud: En ti he esperado todo el día.  Acuérdate, oh Jehová, de tus conmiseraciones y de tus misericordias, Que son perpetuas.  De los pecados de mi mocedad, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme á tu misericordia acuérdate de mí, Por tu bondad, oh Jehová. (Salmo 25:2-7).

Cuando optamos por ocultar nuestra religión, negamos nuestra Fe en Dios y   su doctrina. Dios nos dará la oportunidad de defender nuestra fe, si fuera necesario podremos hablar con nuestros jefes, clientes y/o empleados acerca de nuestra fe y solicitar, aclarar o manifestar lo que haga falta para no avergonzarnos de nuestras creencias, sin pena hablar de Dios y decir que somos sus hijos; que estamos sujetos a sus mandamientos y leyes. Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos. (1 Juan 5:3). Aún si tenemos que enfrentarnos con personas que tienen un cargo importante o que tienen un mayor grado académico, confiemos en que Dios nos dará las palabras requeridas, siempre que en nuestro corazón habite obediencia hacia sus mandamientos. Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, Y no me avergonzaré. (Salmo 119: 46).

Recordemos también que muchos hombres han preferido negar a Jesús, los tales tendrán su pago cuando el maestro delante de Dios los niegue, por lo tanto, en todo momento debemos manifestar abiertamente nuestra fe y que sea nuestro comportamiento el que demuestre que pertenecemos a la Iglesia de Dios.

 Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 10: 32).  

Seamos como una lámpara en la oscuridad y que nuestra luz llegue a más personas, prediquemos siempre la palabra de Dios a todo aquel que desconozca la verdad y así, nuestra Fe nos hará acreedores de la VIDA ETERNA.